Cuatro universidades y un destino: Phoenix

El más veterano, dos debutantes y uno que vuelve por primera vez desde 1939. Marzo siempre da lo que recibe, y esta vez ha respondido a la emoción con una Final Four inédita. Gonzaga, South Carolina, Oregon, North Carolina; Phoenix ya espera a los candidatos para librar la batalla final por el trono universitario.

Los Tar Heels buscarán venganza

Posiblemente junto a Kansas Jayhawks, los Tar Heels han sido uno de los equipos que más seguridad han inspirado a aquellos que seguimos la NCAA, un arsenal ofensivo al alcance de pocos equipos de la nación y un poderío en el rebote que le hacen ser lo más parecido a un equipo NBA dentro de la competición universitaria.

A priori, los Bulldogs de Butler venían a dar guerra en un encuentro de Sweet Sixteen en el que los Tar Heels llegaban tras tumbar a Arkansas en un partido bastante irregular, las desconexiones iban a estar ahí y Butler tenía mucho más poder que los Razorbacks para explotar las debilidades de los Tar Heels, sin embargo y pese a una machada final de Butler los de North Carolina se llevaron el gato al agua. Fue clave para ello la explosión de un Joel Berry imperial, que dominó a los Bulldogs y a su timonel, Tyler Lewis, dejándole sin oportunidad de lucirse en ningún momento.

El encuentro de Elite 8 se podía considerar una final anticipada, la revancha a uno de los mejores partidos del año, UNC se volvía a encontrar con los Wildcats de UK, se volvía a encontrar con su némesis, Malik Monk volvía a escena.

En un partido no apto para cardíacos, el encuentro fue un intercambio de golpes entre dos púgiles hechos a su estilo. North Carolina se mantenía fiel a su identidad, y a falta de acierto, ponían énfasis en la zona. Pero dominar a campo abierto no anda lejos de ser una quimera. En el caos reinante, dos invitados sorpresa: Dominique Hawkins en la primera parte y Luke Maye en la segunda. El pretexto de un partido donde no se podía creer en imposibles.

Fue a la salida de los vestuarios cuando el encuentro entró en su Nirvana particular, Kennedy Meeks luchaba como un gladiador en ambas zonas, haciendo parecer pequeño a todo un titán como ”Bam” Adebayo; Justin Jackson era el martillo pilón que poco a poco iba desgastando a los Wildcats con una bolsa de trucos prácticamente infinita, sólo contrarrestada por la verticalidad y descaro del backcourt de Kentucky. Intermitentes, pero al final decisivos. El motor de DeAaron Fox y el instinto de Malik Monk comandaban lo que parecía el golpe definitivo. Kentucky mostraba armas, pero sobre todo fortaleza. Sin embargo, los de Chapel Hill habían aprendido del pasado. Cuando se asomaban al abismo, reacción y parcial de 10-0. La batalla en el alambre.


Tras una serie de estrambóticas jugadas, errores arbitrarles y los nervios a flor de piel, fue el jugador más inesperado el que decantó la balanza. Luke Maye, que había sido una pesadilla durante todo el encuentro para el rival gracias a su tiro exterior, era el encargado de responder a Malik Monk y clavar la daga en el corazón de los chicos de Calipari. En un final para la historia, los Tar Heels sellaban su billete de vuelta a la Final Four. Phoenix les espera.

De los Webfoots a los Ducks

En 1939 Oregon se proclamó campeón del primer NCAA Tournament de la historia. Por aquel entonces eran los Webfoots, y hasta hoy, no recordaban lo que era una Final Four. El contexto acompaña a la épica, pero aún más la forma.

No sería por obstáculos, ni por la mística de Michigan. Los Wolverines llegaban como una de las grandes historias de la temporada y con argumentos para consolidarlo. Empezando por la dirección de Derrick Walton y la clase de DJ Wilson. Dana Altman respondió con la pizarra. La defensa de Oregon entorpecía la fluidez rival, aguantaba sus rachas e iba de menos a más en ataque. La igualdad fue la pauta y Jordan Bell, el factor X. Su omnipresencia bajo aros desconectó a Moritz Wagner y despertó el hambre de los suyos.

Frente a la artillería de Michigan, volvió a aparecer Tyler Dorsey. Su instinto ofensivo era el mayor bastión para resistir el desgaste. Porque estos Ducks están hechos para competir, y así lo demostraron en la recta final. Temple, fortaleza y un aro que escupió el game-winner de Walton Jr. Supervivencia.

En Oregon han construido un equipo para las grandes citas y Kansas fue testigo. Los de Bill Self llegaban como grandes favoritos, jugando prácticamente en casa y con la certeza de que este por fin era su año. Sin embargo, el guión no pudo ser más distinto. Desde el principio, los Ducks impusieron su ley, empezando por atrás.


Dillon Brooks y Dylan Ennis eran factores indispensables, pero los protagonistas volvían a ser los mismos. Jordan Bell capitaneaba un muro defensivo a base de potencia e intimidación. Aunque sus tapones (hasta 8) marcaban el camino, todos aportaban para que tanto Devonte Graham como Josh Jackson no pudieran entrar en el partido. Y como no, Tyler Dorsey. “Mr. March” encabezaba un acierto implacable, y a base de triples, culminaba una primera parte de ensueño.

Frank Mason III ni se planteaba rendirse, pero faltaron escuderos. Kansas remaba, se crecía por momentos y sin embargo, a cada intento de remontada ahí estaba Dorsey para poner las cosas en sus sitio. El control era abrumador. Como lo fue una victoria que más encumbrar a los Ducks, los prepara para algo más grande.

Gonzaga se cansó de esperar

Hay quienes se atrevieron a dudar de un equipo que rozó una temporada perfecta. Gonzaga ha tenido que convivir entre el dominio y las sospechas, y sólo marzo podía dictar sentencia. Frente a la presión, los chicos de Mark Few superion sufrir, controlar y sellar el primer billete a la Final Four de su historia.

Como era de prever, West Virginia no lo puso nada fácil. Las asfixiante defensa de Bob Huggins fue un quebradero de cabeza para unos Bulldogs que se centraron en resistir y no bajarse nunca del encuentro. Sin brillar, sumaban, aunque poco a poco. La presión de los Mountaineers desquició a Nigel Williams-Goss y dejó fuera de combate a Josh Perkins. Sufrían, pero contestaban con su propia medicina. Gonzaga sacaba a relucir su disciplina atrás y no receló en bajarse al barro. Apareció el mejor Jevon Carter, y ante él, los secundarios de los Zags. A falta de Zach Collins, la versatilidad de Johnathan Williams salió a la palestra y tras él, un Jordan Matthews que dejaba a WVU con la patata caliente. El desgaste físico dio pie a un thriller final del que los Mountaineers no supieron salir. La defensa de los Bulldogs puso el cerrojo y evitó (por partida doble) la gesta de Carter.

Xavier amenazaba con prolongar su cuento de hadas, pero se encontró con la mejor versión de Gonzaga. La del equilibrio, aquella que desde la amenaza interior rompe el partido desde fuera. Ni la pluralidad ni el oficio de los Musketeers fue capaz de contrarrestar la lluvia de triples. El plan parecía claro: centrar la atención en sus grandes para abrir el campo. Y funcionó a las mil maravillas. Karnowski era el director encubierto y Johnathan Williams (de nuevo), el factor imprevisible.


A partir de ahí simplificaron el juego. Williams-Goss recuperaba la inspiración y el resto del perímetro contribuía al bombardeo. Al otro lado la prioridad era frenar a Trevon Bluiett, y lo consiguieron. Todo lo que dosificaban en ataque lo aprovechaban en defensa. Ni Chris Mack tenía argumentos ni la valentía de JP Macura era suficiente ante un huracán que no bajó el ritmo. Con la solvencia de los grandes, Gonzaga escribía el capítulo más importante de su historia. Por ahora.

Frank Martin y una cita con la historia

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Si algo tiene el March Madness todos los años es la aparición de la Cenicienta en medio del baile, un equipo inesperado, que siempre sobrepasa las expectativas  y llega a límites insospechados para ellos mismos. Ete año fueron los Gamecocks.

Quizá la Cenicienta de este año no sea la que la que mejor baile, pero si la más dura, con una defensa inamovible, incómoda, una maraña de jugadores con un físico excelso, como si un bosque se tratase, cruzar el esquema defensivo de los de Martin no es fácil.

El Sweet Sixteen fue un mero trámite para Sindarius Thornwell y compañía, un equipo mentalmente tocado como los Bears de Baylor no era oponente para un conjunto tan ordenado, duro y disciplinado como los de South Carolina. Ya no solo los de Waco no tuvieron respuesta ante Thornwell, sino que el resto de piezas complementarias respondieron a la perfección, sobretodo un Chris Silva que fue el antídoto para un Jonathan Motley impotente que veía como sus compañeros no respondían y eran víctima de la peor derrota en su historia en el torneo.


Su camino hacia Phoenix tenía una nueva piedra en el camino, los Gators de Florida, con quienes comparten conferencia y durante la temporada regular las victorias habían caído por igual para ambos lados, sin embargo, el MSG parece una segunda casa para los de Frank Martin. Fue su estrella Thornwell en el que bajo todo momento mantuvo a su equipo en el encuentro, Florida demostró ser un conjunto más que incómodo gracias a su defensa y al trío de bajitos formado por Allen-Hill y Chiozza. Sin embargo, el asalto de Thornwell no acabaría aquí y sobretodo acompañado de un genial Chris Silva de nuevo y un P.J Dozier que poco a poco parece ser el jugador que sus actuaciones de H.S prometían. Esto y un Duane Notice activo, sobrio y decisivo atrás permitían ganar a Florida y así poner marcha a la primera F4 de la historia del programa.

Empezaron 68, sólo quedan 4

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