North Carolina: Redención a la vista

Intentan olvidarlo, pero de haberlo hecho, tal vez no estarían aquí. Los Tar Heels han decidido enfrentarse a sus fantasmas, a ese tiro de Kris Jenkins, para tener otra oportunidad. Ni los Ducks, ni los tiros libres ni un final de locos pudieron impedirlo. North Carolina volverá a competir por el trono universitario. 

La pizarra de Altman

Aquello de “se imponen las defensas” guarda una verdad implacable: que los ataques son malos. Aplicable de inicio tanto a North Carolina como a Oregon, pero con argumentos sólidos. Los nervios jugaban tanto como la exigencia física. La batalla estaba en los tableros, y más concretamente, entre Jordan Bell y Kennedy Meeks. Aunque el partido era trabado y las imprecisiones varias, Dana Altman conseguía sacar provecho.

Lo hizo sacando a relucir la versatilidad defensiva de los Ducks. Los Tar Heels pronto se quedarían atrapados en una telaraña de variantes tácticas, desde defensas zonales a presiones a toda pista. Cada ataque tenía su continuidad defensiva. Y si bien Oregon tampoco conseguía acomodarse, la pizarra de Altman llevaba la delantera. Suficiente para que apareciese Dylan Ennis para romper la veda. Parcial de 8-0 y UNC bloqueada.

Meeks, Jackson y la fortaleza de los Tar Heels

Los pilares de la North Carolina que rozó el título se mantienen intactos: rebote, físico y dinamismo. A todo esto ahora se le une una admirable fortaleza mental, la misma que salió al rescate. El poderío interior de Meeks continuaba siendo el clavo ardiente de Roy Williams, pero necesitaban algo diferente, así que apareció Nate Britt.

En abrir y cerrar de ojos revolucionó el choque e hizo valer la solidez defensiva de los suyos. Porque los tiros seguían sin entrar, pero no dejaban de sumar. Incómodos, sin brillar y en un ritmo lejano al suyo, pero los de Chapel Hill se iban tres arriba a los vestuarios.


A los Ducks ya no les valía con defender. Las pérdidas eran una losa demasiado pesada y la circulación de balón inexistente. Y por si fuera poco, no había respuesta posible para Kennedy Meeks. Su exhibición era total: dominio del rebote, lecturas sin balón y contundencia de cara al aro. El mejor partido como tar heel en el mejor momento.

Tyler Dorsey hacía acto de presencia, pero a los de Eugene no les dio tiempo de ilusionarse. Al mismo tiempo que el greco-americano calentaba su muñeca, aparecía la clase de Justin Jackson. Irrumpía como siempre, haciendo fácil lo difícil, con canastas imposibles y una clase inigualable en la NCAA. El partido se ponía cuesta arriba para Oregon, y más cuando a falta de un buen Berry, Theo Pinson se convertía en el director encubierto.

Sobrevivir

Era cuestión de detalles. Los Ducks ya no iban a reencontrarse con su juego, pero tampoco había marcha atrás. En tierra de nadie y con el tiempo apretando, priorizaron el corazón sobre la cabeza.  El contexto adecuado para que volviese Dylan Ennis y sus 6 años de experiencia, se echó el equipo a las espaldas y se tiró contra el muro de North Carolina. Funcionó.

Los ataques de Oregon se convirtieron en un bombardero de triples. Cualquiera diría que se habían olvidado de Jordan Bell, pero la falta de dirección en los Tar Heels les mantenía con vida. Un cúmulo de despropósitos donde el griterío del aficionado era lo único constante. Bueno, y la retahíla de tiros libres. El desgaste y las precipitaciones habían hecho de la línea de personal un refugio para ambas universidades.

Estábamos ya en abril, pero tuvo que volver Mr. Marzo. De forma inverosímil, como el partido. Tras un intercambio de errores y un aro con ganas de fiesta, un triple de Tyler Dorsey dio a North Carolina razones para mirar atrás. Aquel lanzamiento seria el principio de un final no apto para razonables.

Los Ducks actuaron rápido para intentar su gesta. Una transición caótica acababa en canasta de Keith Smith, uno abajo y 5 segundos. Lo normal era hacer falta rápida, y la hicieron. Como también que Meeks sentenciara con los tiros libres. Pero no ocurrió. Algo esperable hubiese sido que Oregon aprovechara tales fallos para coger el rebote y salir corriendo. Tampoco. Rebote de Theo Pinson y falta sobre Joel Berry.


Ninguno pareció querer ganar el partido. Porque Berry volvió a fallar los dos tiros libres y Jordan Bell se olvidó de bloquear el rebote. Balón muerto y victoria de los Tar Heels.  Habían hecho lo posible para perder, pero al Madness a veces sólo es eso: sobrevivir.

“Trabajamos y hablamos las pequeñas cosas.”, explicaba Roy Williams tras el partido. “Les digo que si alguien coloca para el rebote cuando un compañero está tirando un tiro libre, es que está intentando coger el rebote. Podemos hablar de suerte pero está bien. Seguimos siendo uno de los equipos que jugará el lunes.”

Gonzaga y North Carolina, la mejor final posible. La primera vez para unos, la definitiva para otros. Un choque de titanes por dentro y de talento por fuera. No hay equipos con más recursos ni más alternativas. Los Tar Heels están a 40 minutos de su redención, los Zags de hacer historia.

“Es culpa mía”

Todas las miradas se centraron en Jordan Bell. El mayor culpable de la primera Final Four de Oregon desde 1939 también era el señalado por los dos rebotes ofensivos de los Tar Heels. Puede que sea cierto, pero también lo que decía Altman: “No estaríamos aquí sin él”.

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