El Draft de la A a la Z (I)

Los nombres que pululan por los mentideros de la NBA en los días previos al Draft dan para rellenar varios abecedarios. De eso va, dicho pronto y mal, esta serie: cuatro entregas, cuarenta jugadores y un recorrido desde la ‘A’ de Adebayo hasta la… bueno, en este caso hasta la ‘W’ de D.J. Wilson, no da de sí la camada como para extenderse hasta la última letra del abecedario.

Los cuarenta nombres han sido elegidos en base a un criterio estrictamente personal. Esto quiere decir que no son ni los mejores ni los que se prevé que coparán los primeros cuarenta puestos del Draft, sino sencillamente los que me producen un mayor interés por sus virtudes, su potencial o su trayectoria universitaria. No habrá demasiados jugadores de procedencia internacional, por falta de conocimiento más que otra cosa, pero no faltarán aquellos que serán invitados sí o sí a la Green Room ni un buen puñado de outsiders con los que me he encariñado tras su paso por la NCAA. Me gustaría hablar de chavales contrastados como Jaron Blossomgame, Sterling Brown, P.J. Dozier, Kyle Kuzma, Monte Morris, Derrick White o Devin Robinson; también de prospectos intrigantes como Tony Bradley, Thomas Bryant, L.J. Peak, Kobi Simmons, Cam Oliver o Dwayne Bacon; incluso de misteriosas incógnitas como Jonah Bolden, Mathias Lessort, Rodions Kurucs, Jonathan Jeanne, Terrance Ferguson o Isaiah Hartenstein. Pero, sencillamente, no hay tiempo ni espacio para más.

Sin más dilación, procedamos.

 

Bam Adebayo – C / Kentucky, Freshman / 2.08 m, 110 kg / 1997
Estadísticas 2016-17: 13 pts, 8 reb, 0.8 ast, 1.5 tap, 0.7 rob, 59.9% TC, 65.3% TL.

La reacción normal al ver a Edrice ‘Bam’ Adebayo es pensar que uno está ante la reencarnación de Dwight Howard. Una reencarnación de bolsillo, sí, pues es bastante improbable que Adebayo alcance las cotas de Supermán, cuyo lamentable declive no debería hacer olvidar que en su momento fue uno de los jugadores más determinantes de la NBA. Y Bam tiene mucho de él: sus espaldas sacadas directamente de la WWE y su juego basado en la fuerza bruta remiten irremisiblemente al Howard primerizo.

El kit ofensivo de Adebayo es simple pero eficaz. Dale un buen base para utilizarlo en el pick n’ roll y te cazará los alley-oops que quieras. Dale un emparejamiento al poste con un jugador pequeño y lo hundirá a empujones debajo del aro hasta sacarle una falta o hacer un mate. Déjalo libre un momento y plantará el culo en la pintura para atrapar un inevitable rebote ofensivo. En cualquier otra situación de ataque, Bam tiene más posibilidades de salir en ‘Shaqtin’ a Fool’ que de lograr una canasta. Pero lo que hace no es poca cosa.

Defensivamente, Adebayo deja sensaciones contrapuestas. Es un portento físico, un armario empotrado que se maneja sorprendentemente bien en el perímetro. No obstante, no es un tipo que parezca apasionado por la defensa. Más bien se intuye que podría dar más. En la NBA no le quedará más remedio que exprimirse al máximo, ya que si bien tiene unas interesantes cualidades la oferta de jugadores de su perfil va camino de superar a la demanda. En su favor hay que decir que gana puntos por la genialidad de usar como nombre una onomatopeya que apetece pronunciar cada vez que hace una jugada espectacular. “¡BAM!, mate de Adebayo”. “¡BAM!, tapón de Adebayo”. Hay gente con un sexto sentido para el carisma.

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Jarrett Allen – C / Texas, Freshman / 2.09 m, 106 kg / 1998
Estadísticas 2016-17: 13.4 pts, 8.4 reb, 0.5 ast, 1.5 tap, 0.6 rob, 56.6% TC, 56.4% TL.

Allen tiene el mejor afro de este Draft y es un potencial lottery pick con una colección de red flags nada desdeñable, a saber:

  1. Si tu equipo (en este caso, Texas) ha finalizado el año con un récord de 11-22 contigo como gran estrella, mal asunto.
  2. Si eres la primera opción ofensiva de tu equipo, la inmensa mayoría de tu producción se concentra alrededor de la pintura y sólo eres capaz de lanzar 4.5 tiros libres por partido (y, para colmo, fallas casi la mitad), mal asunto.
  3. ¿27 asistencias y 84 pérdidas de balón en el total de la temporada? ¿Qué pasa aquí?

Traducción de lo anterior: Allen es un jugador notablemente inconsistente, poco amigo del cuerpo a cuerpo, de difusa concentración y limitada lectura del juego. Argumentos para triunfar tiene, desde luego: es larguísimo, salta mucho y sus manos parecen excavadoras, cualidades que le vienen de maravilla para cargar el rebote ofensivo y exhibir un interesante repertorio de finalizaciones cerca del aro. Suele jugar por encima de todos los demás, es buen socio de pick n’ roll. Seguramente sea capaz de promediar su decena de puntos en una segunda unidad con un base decente. Pero para convertir en realidad su potencial le queda mucho, mucho recorrido, empezando quizás por lo mental.

 

Ike Anigbogu – C / UCLA, Freshman / 2.08 m, 114 kg / 1998
Estadísticas 2016-17: 4.7 pts, 4 reb, 0.2 ast, 1.2 tap, 56.4 % TC, 53.5% TL.

Anigbogu completa este trío de pívots bigardos y trae con él varios superlativos en relación a Adebayo y Allen. Es el que menos ha jugado en la NCAA y, pese a ello, el que más ha demostrado en defensa, ámbito en el que Ike, a pesar de sus ocasionales faltas de disciplina y de pecar de inexperiencia, muestra una voluntad formidable de ser determinante. También es el menos dotado ofensivamente y no ha mostrado muchas señales que inviten al optimismo incluso habiendo pasado una temporada con un base superdotado como Lonzo Ball. Asimismo, es el que más problemas físicos ha tenido, incluyendo una lesión de menisco antes de comenzar su curso en UCLA.

En definitiva, Ike es muy joven, está muy verde, tiene unas facultades físicas fabulosas y una técnica baloncestística nula. Bismack Biyombo entró a la NBA en circunstancias semejantes y ahora cobra 17 millones de dólares al año. Al loro, Anigbogu, que no estamos tan mal.

 

OG Anunoby – SF / Indiana, Sophomore / 2.03 m, 105 kg / 1997
Estadísticas 2016-17: 11.1 pts, 5.4 reb, 1.4 ast, 1.3 tap, 1.3 rob, 55.7% TC, 31.1% T3, 56.3% TL.

A OG le tocaba tener la temporada que en su día tuvo Victor Oladipo para catapultarse a lo más alto del Draft. Llegado a Indiana como un relativo desconocido, se destapó durante el March Madness de 2016, encaró su año sophomore ya en los radares de media NBA y con la expectativa de sumar a sus evidentes dotes físicas un juego ofensivo suficientemente solvente como para ser considerado un potencial lottery pick.

Y la cosa no iba mal, pero es imposible lanzarse a evaluar a Anunoby sin tener en cuenta la lesión de ligamento cruzado que sufrió en enero. No ha jugado desde entonces, y su salud es un asterisco muy a tener en cuenta, máxime cuando su capacidad atlética es precisamente el gran valor que posee para triunfar en la NBA. En el hipotético caso de que vuelva al cien por cien, estamos ante un prodigio de la naturaleza, un chaval ágil y potente de brazos interminables que en la era del smallball se presume capaz de defender a cualquier oponente. Su mero potencial defensivo puede bastar para encandilar a más de una franquicia.

Aún así, Anunoby muestra las carencias propias de un jugador inexperto y poco pulido ofensivamente. Aunque hay signos de progresión, se hubiera beneficiado enormemente de esos dos meses extra de baloncesto universitario que le robó el ACL. No es que se trate de un tipo nulo en ataque: es una amenaza perenne cerca del aro y un arma devastadora en transición. Además, si algo ha demostrado es ser alguien muy consciente de su rol y sus limitaciones, y rara vez intenta exceder sus virtudes. No obstante, será indispensable una evolución en su lanzamiento para alcanzar un peso real en la NBA. Sin ser un tirador abismal, debe trabajar su ejecución tras bote y, especialmente, incrementar su fiabilidad en el tiro libre. Ha de insistirse, empero, en que la recuperación de sus problemas físicos es el tema fundamental; si su capacidad de causar un impacto desde la defensa se ve mermado, el argumentario a favor de Anunoby se viene abajo.

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Lonzo Ball – PG / UCLA, Freshman / 1.98 m, 86 kg / 1997
Estadísticas 2016-17: 14.6 pts, 6 reb, 7.6 ast, 0.8 tap, 1.8 rob, 55.1% TC, 41.2% T3, 67.3% TL.

Nadie ha dado más que hablar, nadie ha visto su nombre en más titulares: Lonzo Ball ha sido, sin duda, la estrella mediática de las semanas previas al Draft. Donde no llega el molesto altavoz de su padre llegan noticias como el estreno de su propia línea de zapatillas o su categórica insistencia de que jugará en los Lakers pase lo que pase. Las dudas que despierta el futuro profesional de Ball giran, en buena parte, en torno a asuntos ajenos al balón, tanto en lo que tiene que ver con su entorno como en lo relativo a su actitud, que oscila entre la veleidad y un cierto tono de despreocupación que pone entre interrogantes su carácter competitivo.

Quedarnos sólo con esto sería injusto y reduccionista; no podemos vendarnos los ojos ante el fenomenal año de Lonzo en UCLA. Ball es un jugador al que hay que entregarle las llaves de su equipo, para bien o para mal; su estilo vertiginoso y altruista impregna a sus compañeros y les lleva a moverse a su compás. A los Bruins la apuesta les salió de maravilla, y el joven base revitalizó un programa en horas bajas para devolverlo a la élite, donde tiene que estar. Pocos equipos en la NCAA fueron tan disfrutables para el espectador la temporada pasada, y todo en UCLA giró alrededor de la figura de Ball.

A Ball ya se le ha comparado a varios bases que fueron figuras de referencia en sus respectivas generaciones. Jason Kidd, Penny Hardaway o Magic Johnson son algunos de los nombres que aparecen constantemente vinculados al de Lonzo. Depositar sobre él tamañas expectativas podría no ser razonable, pero lo cierto es que Ball es un director que trasciende al conjunto, un superdotado del pase que contagia a los demás con su juego generoso y de vocación coral. A título personal, la comparativa con Magic, quizás su mentor en los Lakers, me parece especialmente sensata en el apartado defensivo; como Johnson, Ball muestra cierta debilidad en el uno contra uno, pero sus instintos y su envergadura le permiten aportar con robos y tapones partiendo desde el lado débil.

Aún así, hay que insistir en su playmaking como la cualidad realmente única en el juego de Ball. No ha habido en la NCAA reciente un jugador que emocionara tanto al coger un rebote defensivo, pues ello siempre suponía la posibilidad de un contraataque instantáneo. Su lectura del bloqueo y continuación es avanzadísima, y complementa su paranormal visión de la pista con la ventaja que suele conferirle su altura. Ya es un finalizador bastante fiable en la pintura y un temible tirador exterior, aunque su heterodoxa mecánica puede suponer un ligero contratiempo a la hora de conseguir lanzamientos cómodos ante defensores de calibre NBA; llama la atención, de hecho, lo poco que se prodiga desde la media distancia, donde el espacio es menor.

Si uno deja de lado los potenciales condicionantes extradeportivos y de intangibles, poner el destino de una franquicia en manos de Ball es, en el peor de los casos, un regalo para el aficionado y una formidable técnica de marketing. Los defectos que tiene, de mucho menor peso que sus virtudes, son subsanables; será el que desarrolle o no el impulso de ganador compulsivo que caracteriza a los más grandes lo que determinará el destino de Lonzo.

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Jordan Bell – PF / Oregon, Junior / 2.05 m, 102 kg / 1995
Estadísticas 2016-17: 10.9 pts, 8.8 reb, 1.8 ast, 2.3 tap, 1.3 rob, 63.6% TC, 21.4% T3, 70.1% TL.

He aquí un ejemplo maravilloso de cómo una actuación memorable puede cambiar el futuro de un jugador. Lo cierto es que Jordan Bell siempre estuvo ahí como el glue guy de una fantástica Oregon, pero fue su tremenda irrupción en el último March Madness –lesión de Chris Boucher, su compañero en la pintura, mediante- lo que le catapultó en los mocks de todo el mundo. Es imposible olvidar como demolió, hasta el punto de traumatizar, a una Kansas erigida en máxima favorita al título; su presencia defensiva, su incansable trabajo en el rebote y su eficacia en ataque desarbolaron a los Jayhawks de forma impresionante.

Bell no es demasiado alto ni demasiado corpulento, y esto despierta preguntas respecto a su impacto defensivo en la NBA. Aún así, es un taponador sensacional que, además, puede encargarse perfectamente de jugadores de perímetro; su versatilidad es una cualidad muy cotizada entre los profesionales. Bell juega con una intensidad y fiereza inusitadas, y aporta una energía tremenda al equipo.

Su lugar en el Draft dependerá, en buena medida, de cómo evalúen los scouts su margen de mejora en ataque. Actualmente, su papel se limita básicamente a resolver continuaciones en la pintura y cargar el rebote. Me intriga especialmente su evolución como pasador; Bell me da la sensación de que tiene un buen nivel de IQ y visión de juego. Su ejecución suele ser imprecisa, y es ciertamente proclive a las pérdidas de balón, pero al menos ve líneas de pase de cierta complejidad. Y poco a poco ha ido sacando a relucir un tiro de media distancia respetable. En cualquier caso, e incluso si estos destellos se quedan en el detalle, Bell ha sido un jugador tan determinante desde la defensa que bien merece una apuesta al final de la primera ronda o al comienzo de la segunda.

 

Dillon Brooks – SF / Oregon, Junior / 1.98 m, 100 kg / 1996
Estadísticas 2016-17: 16.1 pts, 3.2 reb, 2.7 ast, 1.1 rob, 48.8% TC, 40.1% T3, 75.4% TL.

Cuando elaboré mi lista de los mejores jugadores del año en la NCAA, me costó horrores dejar a Brooks fuera del Top 10. Muy a mi pesar, el March Madness vino a darme la razón: la actuación del alero de Oregon dejó algo que desear, ya que, si bien su escuadra se clasificó para una histórica Final Four, rindió por debajo de sus prestaciones y fue superado en ascendencia por Jordan Bell y Tyler Dorsey. Aún así, ha de hacerse un balance positivo de los tres años universitarios de Brooks, en los que se ha consolidado como un prolífico anotador y una amenaza perenne en el clutch.

Lamentablemente, la futura adaptación de Brooks a la NBA se prevé muy complicada. Desempeñándose como alero, en la NCAA fue un ‘metepuntos’ dominante gracias a una superioridad física de la que rara vez gozará entre los profesionales. Sus recursos más característicos (penetraciones a base de pura fuerza y exquisitas jugadas de espaldas al aro) apuntan a quedarse cortas para surtir efecto en el siguiente escalón, y Brooks tendrá que depender más de lo que le gustaría del tiro de tres.

Brooks es un chico de naturaleza intensa y muy competitiva, pero esto no siempre basta para contrarrestar un perfil atlético por debajo de la media. No posee ni la velocidad para emparejarse con exteriores puros ni el tamaño para medirse a interiores de verdad. Incluso en esta NBA donde las posiciones son cada vez más difusas, Brooks corre el peligro de quedarse en tierra de nadie. Su destino, diría, podría pasar por convertirse en punta de lanza de una unidad de banquillo en la que lo tenga más fácil para anotar y pueda escondérsele en defensa.

 

John Collins – PF / Wake Forest, Sophomore / 2.07 m, 102 kg / 1997
Estadísticas 2016-17: 19.2 pts, 9.8 reb, 0.5 ast, 1.6 tap, 62.2% TC, 74.5% TL.

De John Collins hay, fundamentalmente, dos aspectos que me veo obligado a subrayar. El primero es que se trata del mejor anotador al poste bajo de todo el Draft. Su pericia en este arte es un deleite para los ojos; lo domina de espaldas al aro, de cara a la canasta, a base de finalizaciones sutiles y violentos mates en alley-oop. Teniendo en cuenta su juventud y su tardía explosión, sólo puede ir a más en este aspecto.

El segundo es que, cuando le toca defender, me pone de una mala hostia terrible. En el partido de March Madness que jugó contra Kansas State, no podía quitarme de la cabeza la idea de que no compensaba lo que daba a Wake Forest en ataque con lo que restaba atrás. Su esfuerzo y su concentración vienen y van, y su carencia de fundamentos es alarmante; llega tarde a las ayudas, se despista en los marcajes y yerra frecuentemente al proteger el rebote, a pesar de sus espectaculares números. Teniendo en cuenta su juventud y su tardía explosión, sólo puede ir a más en este aspecto.

La conclusión es simple: Collins es un prospect interesante que, en función de su desarrollo defensivo, podría convertirse en absoluta e importante realidad. En cuanto al rol que pueda tener en la NBA, creo que en el peor de los casos debería vivir una situación semejante a la descrita con Brooks: salir del banquillo, jugar lapsos de seis a ocho minutos en los que se juegue tantos tiros como sea posible y acabar con un 14-8 como sexto hombre. ¿La diferencia con Brooks? Que tiene potencial para mucho más.

 

Zach Collins – C / Gonzaga, Freshman / 2.13 m, 105 kg / 1997
Estadísticas 2016-17: 10 pts, 5.9 pts, 0.4 ast, 1.8 tap, 65.2% TC, 47.6% T3, 74.3% TL.

Uno de mis proyectos favoritos de este Draft. Es casi imposible no enamorarse de Collins, un ‘siete pies’ de asombrosa fluidez con unos fundamentos de clínic que ha adquirido cotización de lottery pick incluso siendo suplente en la Gonzaga subcampeona nacional. Este detalle no es baladí; si ha sido capaz de tener un soberbio impacto con un papel secundario en una escuadra de élite de la NCAA, no cabe duda de que podría ser una pieza valiosa para cualquier contender de la NBA.

Hay algunos puntos del scouting report de Collins que resultan algo preocupantes. Por un lado, no es un gran atleta, y tendrá que sumar kilos a ese cuerpo lánguido para fortificar la zona y no dejarse dominar por defensores más pesados. Por otro, es bastante proclive a cometer faltas innecesarias, un vicio que deberá atemperar. Y por último, está verde como pasador, habilidad que le vendría bien tener en su repertorio si se confirma como un interior capaz de atraer double teams de manera continuada.

Todo lo demás promete un futuro esplendoroso, por mucho que la NBA quizás le venga demasiado pronto. Collins bota el balón y mueve sus pies con la agilidad de un escolta, controla movimientos de calidad en el poste, es un reboteador tenaz y un taponador intuitivo. Y uno no puede dejar de salivar ante su porcentaje en tiros de tres, aunque sea una muestra muy pequeña (apenas 21 intentos en todo el curso). Con una ratio de minutos limitada, el primer McDonald’s All-American reclutado por Gonzaga demostró con creces que puede triunfar en la mejor liga del mundo. Necesitará tiempo, pero puede triunfar.

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Tyler Dorsey – SG / Oregon, Sophomore / 1.94 m, 83 kg / 1996
Estadísticas 2016-17: 14.6 pts, 3.5 reb, 1.7 ast, 0.8 rob, 46.7% TC, 42.3% T3, 75.5% TL.

La lista de puntos flacos de Tyler Dorsey, por sí sola, podría bastar, justificaría comprarle un billete de avión de Atenas y enrolarlo directamente al Panathinaikos sin probar siquiera las mieles de la NBA. Será un escolta pequeño y ligero, con problemas para culminar penetraciones, que ha demostrado poco en lo que a crear para sus compañeros se refiere y no presenta ninguna virtud defensiva realmente destacable. Su papel en la NBA será tirar, tirar y tirar.

La cuestión es que eso, precisamente, lo hace de maravilla. Y es tan potente la impresión que dejó su último mes y medio de competición universitaria (con ocho partidos seguidos por encima de los 20 puntos y una actuación surrealista en el March Madness) que hay que considerar la posibilidad de que salga drafteado. Suena a poco, pero el análisis de Dorsey, de momento, no puede ser otro. Es un enorme tirador con una confianza irracional en sí mismo que a veces le traiciona y, a veces, le transforma en un bombardero irrefrenable. ¿Por qué no probar suerte con un pick tardío de segunda ronda?

 

Nota: Las mediciones están extraídas, en los casos en que están disponibles, del reciente Draft Combine. En caso contrario, son los datos oficiales facilitados por las universidades.

Imágenes: Sports Illustrated y Getty Images.

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