El Draft de la A a la Z (II)

Tras la publicación de la primera entrega, abordamos otros diez nombres, entre ellos tres de los que apuntan a copar las cinco primeras posiciones del Draft.

Jawun Evans – PG / Oklahoma State, Sophomore / 1.82 m, 84 kg / 1996
Estadísticas 2016-17: 19.2 pts, 3.4 reb, 6.4 ast, 1.8 ast, 43.8% TC, 37.9% T3, 81.2% TL.

Divertido y eléctrico, Evans quiere sumarse al club de bases diminutos con hueco en la NBA que ya integran Isaiah Thomas o Tyler Ulis. Podría decirse que Evans es un Lonzo Ball de bolsillo, en el sentido en que su manera de entender la posición de base transformó por completo su equipo y lo convirtió en una máquina de hacer puntos de primerísimo nivel. De hecho, Oklahoma State registró unos ratings ofensivos incluso superiores a los de UCLA al tiempo que sobrepasaba cualquier expectativa previa al comienzo de la temporada.

Evans llama la atención, ante todo, por su prodigiosa velocidad. Es una bala y acelera al máximo en décimas de segundo. Le encanta tirarse a tumba abierta, imprimir vértigo a la transición y lanzarse en misión suicida hacia la canasta, sin mostrar el menor ápice de miedo pese a que sufre cuando tiene que superar a interiores de gran tamaño.

Pero destaca también por la sapiencia que muestra en el juego en estático. OKST construyó un ataque ultraeficiente alrededor de su productividad en el pick n’ roll. Tiene una notable habilidad para el pase y es un anotador versátil: sin ser excepcional en ningún área concreta, es una amenaza a respetar tanto en la pintura como en la media distancia y el tiro de tres. Más allá de sus pocos centímetros, no posee ningún hándicap serio en fase ofensiva.

Defensivamente, podría decirse que es prácticamente todo lo bueno que puede ser. Hay fuerzas contra las que no puede luchar, pero pone empeño y garra en la medida de sus posibilidades. Ha de valorarse en Evans que es un guerrero con sincera voluntad por mejorar; su evolución de un año para otro ha sido estruendosa. Si termina de pulir su juego puede acabar siendo un base suplente más que decente.

 

De’Aaron Fox – PG / Kentucky, Freshman / 1.92 m, 77 kg / 1997
Estadísticas 2016-17: 16.7 pts, 4 reb, 4.6 ast, 1.5 rob, 47.9% TC, 24.6% T3, 73.6% TL.

Estoy enamorado de De’Aaron Fox. Me parece un jugador realmente fascinante, no sólo por sus dones sino también por su personalidad, el factor X que invita a pensar en algo grande de verdad. Por lo que hemos visto hasta ahora, Fox es un ganador brutal, un tío que se deja la piel por su equipo y se deleita en la obliteración de sus rivales.

El futuro puede dejarlo en anécdota, pero Fox dejó algunos detalles en el March Madness que, en mi opinión, elevaron sobremanera su percepción por el público. Es obligatorio mencionar su duelo con Lonzo Ball en el Sweet 16, un partido que Fox se tomó a todas luces como un asunto personal y en el que hizo trizas al base de UCLA: había que verlo para creerlo. Y no se puede olvidar su imagen, de absoluto desconsuelo, tras perder contra North Carolina. Siempre voy a querer en mi equipo a un chaval que se tome tan a pecho una derrota, incluso cuando la sufre con una camiseta ‘de alquiler’ y habiendo pasado apenas un curso con sus compañeros de Kentucky.

Estoy convencido de que Fox sería considerado como aspirante al número uno del Draft si pudiera meter triples. Es una hipótesis generosa, sí, pero el principal –y enorme- punto negro en su ficha. En una NBA cada vez más enfocada hacia el tiro de tres, poner una franquicia en manos de un base que no lo tiene en su repertorio puede es una idea aberrante para muchos GMs. Dos motivos para el optimismo; Fox al menos intenta lanzamientos lejanos y el tiro libre se le da bien.

¿Lo positivo? Prácticamente todo lo demás. Aunque le esperan unos cuantos meses de gimnasio para meterle músculo a su cuerpo, Fox es un atleta espectacular: alto (tratándose de un PG), ligero, explosivo, rápido… Sería una sorpresa que, por físico y por mentalidad, no se convirtiera en el mejor defensor entre los grandes bases de este Draft. Y cuando agarra la bola en transición, lo mejor es quitarse de en medio.

Incluso aunque se le invite a tirar desde fuera, Fox es un jugador muy difícil de contener. Sus cambios de ritmo son bárbaros y se planta en el aro en dos zancadas. Maneja de maravilla a sus compañeros de pick n’ roll, los encuentra con facilidad y es capaz de resolver por sí solo a base de bombitas y tiritos de media distancia. En resumen, atesora una extraordinaria mezcla de habilidad y velocidad, un cóctel Molotov irreproducible y fastuoso. Sólo necesita confianza en que mejore su tiro y las llaves de un equipo para petarlo.

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Markelle Fultz – PG / Washington, Freshman / 1.93 m, 88 kg / 1998
Estadísticas 2016-17: 23.2 pts, 5.7 reb, 5.9 ast, 1.2 tap, 1.6 rob, 47.6% TC, 41.3% T3, 64.9% TL.

¿Por qué va a ser Markelle Fultz el número uno del Draft?

Ya se han escrito biblias sobre el fenómeno de Upper Marlboro, así que iremos al grano: lo va a ser porque es muy difícil que salga mal.

Evidentemente, nadie está a salvo de incidentes extradeportivos de los que hunden una carrera o de lesiones graves e irreparables. Pero si no pasa nada raro, Fultz será una estrella durante bastante tiempo. Incluso si no mejorara un solo ápice desde el momento en que Adam Silver pronuncie su nombre (harto improbable en un chaval que entró en la órbita NBA más tarde que pronto), tendría una trayectoria satisfactoria.

El motivo principal es que, atacando, Fultz puede hacer todo. Todo lo que a uno se le ocurra. Atacar a campo abierto, finalizar contra pívots de acero. Llegar a sus tablas de parqué favoritas para lanzar un tiro tras bote. Moverse sin balón hasta recibir y ametrallar desde el triple. Deshacerse de contrincantes con reversos, eurosteps, stepbacks. Abusar de defensores más pequeños en el poste medio. Y, por supuesto, en la eventualidad de que un compañero se quedara solo durante cualquiera de los procedimientos anteriores, encontrarlo.

Así que habremos de convivir felizmente con algún pequeño defectillo. Su bajo porcentaje de acierto en el tiro libre es, cuanto menos, extraño. No me agrada el hecho de que perdiera 21 de los 30 partidos que jugó con Washington, aunque tampoco es que pueda echársele toda la culpa a Fultz; bastante hizo promediando casi seis asistencias con semejante banda alrededor. Más preocupante, acaso, resulta la dejadez con la que a menudo se empleó, sobre todo en defensa, contagiado de la falta de actitud colectiva de unos Huskies que tiraron la temporada a mitad de curso. En un contexto más alentador, hay que confiar en que Fultz se ponga las pilas y aproveche sus envidiables dotes atléticas para contribuir atrás.

Pero en fin, lo dicho: Fultz se presume una apuesta segura. Ha nacido y explotado en el mejor momento posible para sacarle jugo a sus virtudes. No representa una vía directa a la excelencia en el sentido de otros números uno del Draft como Anthony Davis, pero sí el atajo más rápido para alcanzarla entre los miembros de su promoción. Si quiere ser protagonista en la NBA durante los próximos doce años, el escenario será suyo.

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Harry Giles – PF / Duke, Freshman / 2.10 m, 105 kg / 1998
Estadísticas 2016-17: 3.9 pts, 3.8 reb, 0.3 ast, 0.7 tap, 57.7% TC, 50% TL.

Hice lo posible por creer en Harry Giles, pero hoy por hoy la realidad es demasiado rotunda como para pensar en que pueda hacer en la carrera en la NBA salvo que medie un milagro. Habrá quien quiera apostar por él, atraído por su tamaño y su capacidad reboteadora, intrigado por los destellos estelares que lució en el instituto, hace una eternidad. Y estará bien que el chaval tenga una oportunidad.

Los hechos, empero, hablan por sí solos. Giles acaba de cumplir los 19 años y ya se ha roto el ligamento anterior cruzado de ambas piernas, el ligamento colateral medial y el menisco de la pierna izquierda, con una artroscopia adicional en esta. Dos de sus años de desarrollo más importantes pueden darse por perdidos. No ha jugado un solo partido en el que haya destacado desde 2015, y la imagen que ha dado en Duke es la de un chico falto de confianza, perdido, errático, temeroso con el balón en las manos, sin saber que hacer sin él. Que Giles resurgiera y volviera a ser el jugador que apuntaba a Top 5 de este Draft sería una historia preciosa. También es una historia improbable.

 

Josh Hart – SG / Villanova, Senior / 1.96 m, 95 kg / 1995
Estadísticas 2016-17: 18.7 pts, 6.4 reb, 2.9 ast, 1.6 rob, 51% TC, 40.4% T3, 74.7% TL.

Hart es un clásico ejemplo de jugador de intachable trayectoria universitaria que, sin responder exactamente a ningún perfil definido en el ecosistema NBA, juega tan bien y hace tantas cosas que parece destinado a encontrar su nicho. El problema principal de Hart es que no tiene ninguna cualidad que haga de él un especialista. Tampoco tiene un físico sobresaliente y, de hecho, quizás sea demasiado bajo y lento para ejercer como escolta con solvencia.

En cualquier caso, si algo ha demostrado Hart es una intachable ética de trabajo y una firme disposición a progresar. Suple con inteligencia y tenacidad sus deficiencias y se ha confirmado como un versátil anotador que maneja cómodamente diversos registros. A los scouts les encantarán dos de sus virtudes: su instinto reboteador, impropio de un hombre de su estatura, y su capacidad para generar en el pick n’ roll. Un ganador nato como él nunca sobra.

 

Jonathan Isaac – SF, PF / Florida State, Freshman / 2.08 m, 95 kg / 1997
Estadísticas 2016-17: 12 pts, 7.8 reb, 1.2 ast, 1.5 tap, 1.2 rob, 50.8% TC, 34.8% T3, 78% TL.

Puede que ninguno de los chicos llamados a copar las ocho primeras posiciones de este Draft aventure un futuro tan misterioso como el de Jonathan Isaac. Su única temporada en Florida State ha servido para refrendar tanto lo bueno como lo malo de su currículum, dejando actuaciones ilusionantes y decepcionantes por igual. En ocasiones ha gozado de un impacto sobresaliente a ambos lados de la pista; en otras, se ha desplomado a un papel secundario que no parece reconcomerle las entrañas. Quizás habría brillado más de no compartir galones con dos figuras como Dwayne Bacon y Xavier Rathan-Mayes, pero en Isaac se entrevé más un secundario de lujo que un auténtico jugador franquicia.

Su gran valor reside en la versatilidad, uno de los conceptos de moda en la NBA, al que no cesaremos de hacer referencia. Isaac puede defender al menos tres posiciones sin problemas gracias a sus condiciones físicas y es una pieza de gran ayuda en el rebote. La mejor versión de sus Seminoles era la que explotaba atrás su amplia colección de atletas, con Isaac haciendo las veces de punta de lanza, para luego lanzarse en transición. Con la compañía adecuada, contribuirá a configurar unidades defensivas de elevado calibre.

Pese a ser un muchacho ciertamente talentoso, a Isaac le falta desarrollar una mentalidad de killer y un puntito de egoísmo para realizar su potencial. Aunque no es determinante iniciando la fase ofensiva y le cuesta generar en situaciones de uno contra uno, se beneficiaría enormemente de un sistema bien desarrollado. Sin balón, representa una amenaza en cualquier punto de la pista, con un decente tiro de tres, intuición para tomar ventaja de un closeout y la explosividad necesaria para aprovechar cualquier avenida hacia la canasta, si bien tiene cierta tendencia a evitar el contacto. El progreso de su lanzamiento de tres será la piedra de toque básica cara al porvenir; ya tiene la etiqueta de alero 3-and-D, pero podría convertirse en algo más multidimensional.

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Wesley Iwundu – SG, SF / Kansas State, Senior / 2.01 m, 88 kg / 1994
Estadísticas 2016-17: 13 pts, 6.3 reb, 3.5 ast, 1 rob, 48.1% TC, 37.6% T3, 76.7% TL.

Uno de mis tapados favoritos del Draft, Iwundu es otro de esos jugadores que llegan a la NBA ya muy curtidos, con un limitado margen de mejora y virtudes sobradamente contrastadas. Ha sido un placer contemplar su evolución de mero especialista defensivo a point forward dominante con el balón en las manos. Su capacidad de controlar el tempo del partido, generar a partir del pick n’ roll e identificar en todo momento lo que necesita su equipo de él es lo que le separa de otros prospectos de perfil semejante.

Es esa madurez competitiva lo que hace de Iwundu una apuesta interesantísima como hombre de rol, con perspectivas similares a las que han llevado al éxito a tipos como Malcolm Brogdon. Su pericia defensiva está fuera de toda duda, una vez supere el paso de añadir unos cuantos kilos de músculo. La gran duda reside en la consistencia de su tiro exterior, que ha sido subpar prácticamente hasta este el año, por lo que habrá que ver si sus aceptables guarismos recientes son casualidad o tendencia. En cualquier caso, su habilidad para el pase y variedad de registros ofensivos son razón suficiente para darle una oportunidad.

 

Josh Jackson – SF / Kansas, Freshman / 2.03 m, 93 kg / 1997
Estadísticas 2016-17: 16.3 pts, 7.4 reb, 3 ast, 1.1 tap, 1.7 rob, 51.3% TC, 37.8% T3, 56.6% TL.

Si Fox es mi ojito izquierdo de esta promoción, Jackson ha de ser el derecho. Como el base de Kentucky, es un chico que encandila irremediablemente por su tremenda personalidad. Jackson es competitivo hasta resultar apabullante, agresivo hasta decir basta, un chaval comprometido con el conjunto con un sexto sentido para aparecer en los instantes más decisivos. Esta misma fiereza, empero, puede ser su talón de Aquiles. Ya en Kansas se vio involucrado en algún asunto extradeportivo que olía a chamusquina, y su exceso de revoluciones le juega malas pasadas en forma de faltas tontas y decisiones erráticas que producen en él momentos de visible frustración.

Más allá de esto y de su discutible mecánica de tiro –heterodoxa, cómoda para el defensor, funciona a rachas-, pocas pegas se le pueden poner a Jackson. Resultó increíble la presencia ofensiva que tuvo en Kansas pese a compartir uniforme con quien para muchos fue el jugador del año en la NCAA –llegaremos a él-. Y es que Jackson funciona a la perfección tanto como primera espada como ejerciendo el papel de escudero. Su primer paso es demoledor y sabe cómo sacar partido de los mismatches en el poste. Ataca los espacios con una naturalidad sensacional y es un quebradero de cabeza cuando se suma a la lucha por el rebote. Por si fuera poco, es un pasador fluido y generoso, de avanzada lectura y rápida decisión.

También enamoran su polivalencia defensiva y su combinación de físico e intensidad. Molesto emparejamiento, superarle partiendo de pies quietos es una tarea hercúlea. Su timing para ayudar desde el flanco débil es otro factor interesante, tanto denegando líneas de pase como acudiendo a proteger el aro. Con que aumente un escalón su fortaleza muscular se le glosará a menudo entre los defensores con mejor futuro de la liga.

Si logra impedir que la cabeza le juegue una mala pasada, Jackson explotará bien como elemento clave de un contender, bien como estrella de pleno derecho. No soy amigo de afirmaciones axiomáticas, pero me resultaría una enorme decepción que no triunfara en la NBA. Lo tiene –casi- todo.

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Justin Jackson – SF, SG / North Carolina, Junior / 2.04 m, 91 kg / 1995
Estadísticas 2016-17: 18.3 pts, 4.7 reb, 2.8 ast, 0.8 rob, 44.3% TC, 37% T3, 74.8% TL.

He aquí otra genial historia de evolución por encima de las expectativas. Hace dos años, no sabíamos en qué jugador se convertiría Justin Jackson. Ahora estamos cerca de hallar la respuesta, y no es la que esperábamos: un anotador completísimo de inusitada envergadura e infinitos recursos… cuya actuación más impresionante a ojos de los scouts bien pudo producirse en el ámbito defensivo, cuando aceptó el reto de anular a Malik Monk en el March Madness y tuvo éxito hasta los últimos dos minutos.

Hay dudas legítimas sobre cómo se trasladarán a la NBA dos de sus pluses más identificables: la posibilidad de defender a escoltas y aleros por igual y la fiabilidad de su lanzamiento exterior, que con el tiempo ha pasado de risible a mortífero. Lo normal es que Jackson acabe siendo un ‘3’, pero mi sueño húmedo es verlo consagrado como shooting guard para que continúe perpetrando abusos contra oponentes de menor tamaño como hacía en UNC. De lo contrario, su maravilloso menú de finalizaciones en la pintura podría revelarse como poco efectivo ante rivales más físicos.

Razón extra para el optimismo: aunque ha explotado como referencia de los Tar Heels campeones, antes demostró ser un voluntarioso complemento. Se le dan bien las pequeñas cosas: pelear el rebote, cortar o posicionarse en transición, ámbito en el que resulta absolutamente letal. Por mucho que el techo de Jackson pueda parecer limitado, su ‘suelo’ es más que digno.

 

Luke Kennard – SG / Duke, Sophomore / 1.97 m, 89 kg / 1996
Estadísticas 2016-17: 19.5 pts, 5.1 reb, 2.5 ast, 0.8 rob, 48.9% TC, 43.8% T3, 85.6% TL.

Y, hablando de progresión, no podemos dejar de hablar de Luke Kennard. Lo que más me gusta de Luke es cómo ha mantenido la cabeza fría en medio de una temporada extraordinariamente turbulenta en Duke, que cabría calificar de burdelesca. A pesar de la presencia en la plantilla de aquel a quien querían dar el Naismith Award en noviembre –Grayson Allen– y de one-and-doners con vitola de estrella, Kennard, el blanquito tirador, ha sido la referencia a la que los Blue Devils pudieron acudir en todo momento.

Porque, en efecto, Kennard es un tirador fantástico. Mas sería injusto reducirle a susodicho estigma, pues ha desarrollado una ingente cantidad de facetas. A su envidiable operatividad sin balón ha añadido una tremenda productividad como ball handler, sustentada principalmente en su elevada IQ. Aprovecha los bloqueos, se ha destapado como pasador, llega sin problemas a sus lugares favoritos en la media distancia y es un finalizador creativo y eficiente, aspecto del que tendrá que sacar todo el jugo posible para superar las atléticas defensas de la NBA.

El problema es que a Kennard, en defensa, hay que esconderle. Sin paliativos. Es un chico esforzado y peleón, pero el físico le da para lo que le da. No obstante, mientras esas carencias no le afecten sobremanera al otro lado de la cancha –lo cual no es descartable, huelga decir-, quizás compense, ni que sea como suplente ‘microondas’. Lo mejor de Kennard es que casi nunca juega mal, se crece cuando se parte el bacalao y su carta de presentación, el lanzamiento exterior, es un valor seguro. Es cuestión de que entienda cómo puede destacar en la NBA. Con ello, tendrá una larga trayectoria.

 

Nota: Las mediciones están extraídas, en los casos en que están disponibles, del reciente Draft Combine. En caso contrario, son los datos oficiales facilitados por las universidades.

Imágenes: Sports Illustrated y Bleacher Report.

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