A dos meses del Selection Sunday

Es, sin duda, uno de esos años. Al igual que unos inviernos vienen más fríos que otros, las variables que definen cada temporada de la NCAA no se mantienen fijas, si no que cambian entre curso y curso. A pesar del alto grado de imprevisibilidad de la competición universitaria, es habitual que se establezcan jerarquías más o menos estáticas a lo largo de su desarrollo. A menudo, al llegar la Nochevieja ha emergido ya un equipo dominante (o dos, o tres), o una lista corta de candidatos al título que se imponen con puño de hierro en su conferencia. Pero en esos años, nadie es capaz de adueñarse de la narrativa; las sorpresas se suceden, los titulares se solapan, el conjunto de moda desaparece de los medios en cuestión de días, nadie es capaz de labrarse un aura de invencibilidad.

La NCAA 2017/2018 pertenece a esta especie. Hace semanas que dotar de sentido a los ránkings se ha convertido en una quimera. Los upsets son tan cotidianos que apenas llaman la atención. Es harto difícil sacar conclusiones y elaborar axiomas: todo lo que quedan son impresiones, ideas. De eso va este post: de recuperar y recopilar las sensaciones que nos ha producido esta loca campaña de baloncesto colegial, de ponerlas en orden ahora, en el albor de los calendarios de conferencia, cuando quedan apenas dos meses para que llegue el Selection Sunday. No pretende hacerse un repaso exhaustivo a la situación global de la competición, sino más bien expresar opiniones y cuestiones llamativas acerca de la misma. Así que vamos allá.

¿Quién puede ganar el título?

El Top 25 de AP está siendo una verbena en la que los equipos de élite vienen y van, pero hay unos cuantos equipos que han exhibido credenciales dignas de Final Four. Los mejores conjuntos del país podrían dividirse, a mi parecer, en cuatro grupos.

  1. Los que están jugando a un gran nivel, pero no parecen tener una marcha extra. Es la sensación que me despiertan West Virginia, Virginia, Purdue, Arizona State, Xavier o Texas Tech, por ejemplo. En estos momentos, son escuadras entre “buenas” y “muy buenas”. No obstante, todas dejan la sensación, en cierto modo, de que nos han mostrado ya su mejor versión, una versión suficiente como para soñar en una Final Four, mas de limitado margen de mejora.
  2. Las que están jugando a un nivel bastante alto y no parecen haber alcanzado su punto álgido. Es el escalafón de las bluebloods: Arizona, Duke, Kentucky (a cierta distancia), North Carolina (a bastante distancia) y Kansas (a una gran distancia). Merecen el beneficio de la duda por el talento de sus plantillas, aunque inviten al escepticismo por uno y otro motivos. De manera un tanto extraña, Michigan State entra en esta terna pese a haber sido número uno de la nación hasta el pasado lunes y haber mostrado un poderío atronador en varios partidos. Simplemente creo que pueden dar más. Desarrollaré este asunto más adelante.
  3. Las que no han dado suficientes pistas sobre si pertenecen a un grupo u otro. Sobresalen tres: Gonzaga (ya en plena rutina WCC), Wichita State (habrá que esperar a que lleguen los rivales más duros de la AAC y acaba de reincorporar a McDuffie) y, sí, Oklahoma. Aún no tengo claro el techo de Trae Young. Tampoco su suelo.

    ¿Seguro que no hay favoritos?

  4. Villanova. Ni siquiera el título nacional de 2016 ha disipado el agresivo escrutinio con que se contempla a Villanova. Parece que, con los Wildcats, siempre hace falta más, que da vértigo otorgarles la banda de favoritos al campeonato nacional. Pese a todo, hay tres hechos (a mi parecer, indiscutibles) que colocan a Villanova en una categoría distinta al resto de contenders.
  • Desde el 10 de noviembre hasta hoy, no ha habido mejor equipo que Villanova en la NCAA.
  • Combina lo mejor de las categorías A) y B); ya está a un nivel espectacular y todavía puede mejorar (su rendimiento defensivo ha sido guadianesco).
  • Posee superlativos individuales y colectivos: dos de los (¿veinte? ¿treinta?) mejores jugadores de la NCAA y una de las (¿cinco? ¿diez?) mejores rotaciones, libra por libra, de 6/7 hombres de la competición.

En definitiva: en esta temporada loca cuesta hablar de favoritos, pero si hay que señalar imperativamente a uno… Es Villanova. Por ahora.

 

¿Quién es el Player of the Year?

Por favor.

De momento no hay debate posible en este tema. Sí podemos comentar la lista de 25 candidatos al Wooden Award publicada esta misma semana. Por mucho que le adore, la inclusión de Bonzie Colson es absurda. Creo que el desempeño colectivo debería pesar negativamente en los casos de Yante Maten, Brandon McCoy o Jordan Murphy. Algunas omisiones más o menos onerosas: Keita Bates-Diop, Keenan Evans, Chandler Hutchinson, Grant Williams, Kenrich Williams.

ACC: Ante la duda, Virginia.

  • En los últimos años ha corrido la bilis contra Virginia por su (para algunos) antiestético estilo de juego y por su (relativa) falta de éxito en el March Madness. El 90% de los programas de la NCAA se cambiaría por los Hoos ahora mismo, y quizás me quede corto. Son un modelo de consistencia envidiable, sacan jugadores útiles de debajo de las piedras y, en una ACC algo decepcionante en cuya cúpula se ha producido un cierto vacío de poder, hoy por hoy son el equipo a batir. Su defensa sigue siendo un espectáculo, y tienen suficientes armas ofensivas (Guy, Jerome, Hall, Hunter) como para representar una amenaza real. Dado su calendario, podrían llegar al 24 de enero con un inmaculado 7-0 en la ACC (y 18-1 global). A partir de ahí veremos de qué pasta están hechos: vs Clemson, @ Duke, vs Louisville, @ Syracuse, @ Florida State, vs Virginia Tech, @ Miami

 

  • North Carolina es uno de los 3 potenciales candidatos al título que se ha perjudicado a sí mismo por su insistencia en poner dos interiores puros en su quinteto inicial. También ha sido la primera en rectificar: el miércoles, Roy Williams sentó a Garrison Brooks, sacó a Cameron Johnson de inicio y UNC machacó a Boston College por 30 puntos. Sí, los Eagles prácticamente no tienen juego interior, pero la mejor versión de los Tar Heels ha de ser, sí o sí, con Berry, Williams, Johnson, Pinson y Maye. Está siendo un año flojo para la campeona nacional, pero está a tiempo de enmendarlo.

 

  • Salvo que afloren situaciones dramáticas como las de la temporada pasada, da la sensación de que la trayectoria de Duke resulta irrelevante hasta marzo. Sabemos que perderán partidos tontos en la ACC, que a menudo darán pena en defensa, que quizás no se puedan asegurar un seed 1 que parecía garantizado en noviembre. Da igual. Duke será una de las favoritas al título independientemente de lo que haga en los próximos dos meses, y lo más probable es que no la veamos alcanzar su cénit en ese período. Además, ni siquiera están produciendo titulares extradeportivos, Grayson Allen no ha zancadilleado a nadie y Coach K no ha tenido que operarse nada. Necesitamos más drama.

 

  • Clemson ha sido una sorpresa muy agradable, y Brad Brownell debería ser considerado un razonable outsider para cualquier premio a Entrenador del Año. Como de costumbre, los Tigers conforman una temible unidad defensiva, y sus cinco jugadores titulares promedian dobles dígitos en anotación. No me sorprendería ver a Donte Grantham seleccionado en el próximo Draft.

 

  • Mike Brey es un mago. La victoria que logró Notre Dame en Syracuse, sin Bonzie Colson (previsiblemente K.O. para lo que resta de campaña) y sin Matt Farrell, fue increíble. Como demostró la derrota de los Irish ante Georgia Tech, Brey tendrá que seguir haciendo magia para mantener a su equipo en la pugna por una at-large bid. Será difícil, pero ya hemos visto al técnico salir de situaciones adversas antes.

 

  • Aunque a la conferencia le faltan equipos que enamoren, tiene pinta de que, un año más, será la que más representantes tenga en el NCAA Tournament. Miami y Florida State parecen bastante fijas. Louisville y Syracuse están en buena posición. Y Virginia Tech, NC State o incluso Boston College podrían entrar en liza con una racha potente.

Virginia, Kyle Guy y su ‘kiki’, callando bocas.

Big XII: ¿Y si…?

  • Hace ya tiempo que me prometí a mí mismo no apostar nunca contra Bill Self en la Big XII. No obstante… hay motivos para dudar de Kansas, ¿no? Ahora mismo diría que es, objetivamente, el cuarto mejor equipo de la liga. West Virginia, Texas Tech y Oklahoma son oponentes perfectamente capacitados para desbancar a los Jayhawks. Y si no habláramos de Kansas, en la vida consideraríamos a esta escuadra como una favorita en una conferencia tan dura. Es así. Bill Self sigue esperando a Billy Preston (¿jugará algún día?). Mientras, Kansas casi no tiene juego interior, cuenta con un banquillo prácticamente inexistente, flojea en defensa y continúa aguardando a que alguno de sus referentes (Devonte Graham, Lagerald Vick o Svi) se haga definitivamente con los galones de estrella del equipo. Aún así, la principal causa que me lleva a dudar de los Jayhawks es otra: su repentina vulnerabilidad en el Allen Fieldhouse. La base de la increíble racha de campeonatos de KU en la Big XII es su factor cancha: con su 9-0 u 8-1 en The Phog, ganar alrededor del 50% de los partidos a domicilio solía bastar para ganar la regular season. Este año, Kansas ya ha perdido dos duelos en su pabellón, siendo claramente superada por Arizona State y Texas Tech. Aún así, los Jayhawks no están ni mucho menos descolgados de la pelea por el título. Mejor no enterrarlos aún.

 

  • Trae Young no sólo es alucinante: además tiene a su disposición un entrenador, un sistema y unos compañeros que elevan su juego a la máxima potencia. Oklahoma le da a Young lo que mejor le viene para brillar: vocación de atacar en transición, muchos tiradores e interiores atléticos de elevada productividad en el pick n’ roll. La tradición dice que los conjuntos que defienden mal no triunfan en el March Madness, pero Young parece capaz de llevar a los Sooners a cualquier meta. Por cierto, me encanta que el imponente Jamuni McNeace intente atrapar el balón cada vez que intenta poner un tapón. ¿No se supone que es lo que debería hacer todo el mundo?

 

  • Me enamoré de Texas Tech cuando aniquilaron de un plumazo la temporada con mayores expectativas en la historia de Northwestern y, desde entonces, han refrendado a lo grande esas buenas sensaciones. Los Red Raiders presentan una combinación que no suele fallar: un sistema defensivo ultrafiable, una plantilla profunda repleta de tremendos atletas y un go-to-guy de garantías en el perímetro (el infravaloradísimo Keenan Evans). Creo que ya hemos visto el techo de este grupo, pero me encanta.

 

  • ¿Estamos ante la mejor versión de Press Virginia jamás vista? En mi opinión, la (sorprendentemente cómoda) victoria de los Mountaineers sobre Oklahoma el pasado sábado dijo más cosas buenas sobre WVU y Jevon Carter que malas sobre los Sooners y Trae Young. Carter es una pasada: juega con una fiereza que agota sólo con verle. Es cierto que la presión de Bob Huggins no es tan infalible como parece y que los Mountaineers dan la sensación de estar haciendo faltas constantemente, algo que puede volverse en su contra en el NCAA Tournament. En cualquier caso, son un equipazo, y no olvidemos que Esa Ahmad ya está disponible.

 

  • El diagnóstico de leucemia de Andrew Jones es una de las noticias más deprimentes del año. Ver a Texas dedicarle la victoria de hace unos días sobre TCU fue emocionante, pero es una baja muy delicada para unos Longhorns que no van sobrados si quieren aspirar a estar en el March Madness. ¿Compensará su mermado perímetro la producción del dúo Dylan OsetkowskiMo Bamba? Uno de los equipos a seguir en las próximas semanas.

 

  • TCU y Baylor no han brillado en lo que va de regular season, pero deberían ampliar la nómina de representantes de la Big XII en el NCAA Tournament.

 

  • Iowa State es una escuadra de medio pelo, pero Lindell Wigginton es uno de los freshmen que más gratamente me han sorprendido esta temporada.

Dos hombres con una misión.

Big East: El patio de Villanova

  • A pesar de la abundancia de buenos equipos en la Big East, como viene siendo habitual, ninguno parece preparado para desbancar a Villanova de su trono. Los Wildcats son, sencillamente, demasiado buenos, consistentes y regulares. Aún así, vuelve a ser una de las conferencias más entretenidas de la nación. Una pena que tenga una cobertura televisiva tan poco amable cara al aficionado no estadounidense.

 

  • Xavier y Seton Hall son conjuntos perfectamente capacitados para asaltar la Final Four. Equilibrio, veteranía, profundidad y star power: tienen los ingredientes adecuados para hacer ruido en marzo. Si no los tienen en su radar a estas alturas, vayan apuntando los nombres de Trevon Bluiett, J.P. Macura, Desi Rodríguez o Ángel Delgado. Mucho talento en estas dos plantillas.

 

  • Marquette es probablemente uno de los cinco equipos más divertidos de toda la NCAA. El trío que conforman Sam Hauser, Andrew Rowsey y Markus Howard (que ostenta la mejor marca anotadora de lo que va de curso, con 52 puntos ante Providence) es una garantía de espectáculo como pocas en la competición. Aunque los Golden Eagles sean una aberración defensiva, tienen muchísima pólvora, suficiente como para ganar un buen puñado de partidos y aspirar a estar en el NCAA Tournament. Los aficionados lo agradeceríamos.

 

  • Algo parecido podríamos decir de Creighton, otra extraordinaria unidad ofensiva cuya trayectoria ha sido, de hecho, bastante más sólida que la de Marquette. Con el mejor Marcus Foster de siempre, los Bluejays van lanzados hacia el Gran Baile.

 

  • Sin hacer mucho ruido, Ed Cooley ha hecho de Providence uno de los programas más consistentes del último lustro. Aunque nunca destaquen sobremanera, los Friars llevan cuatro años consecutivos accediendo al March Madness, a menudo aprovechando una racha puntual en la que acumulan victorias de prestigio ante los titanes de la Big East. ¿Repetirán el modus operandi? A Providence le quedan por jugar dos duelos ante Villanova, dos ante Seton Hall y uno ante Xavier (a la que ya ha batido). Las oportunidades abundan.

 

  • Butler, como de costumbre, parece que no está, pero está.

 

  • St. John’s y DePaul están tirando a la basura una campaña que, para ambos, apuntaba a dar comienzo a una esperanzadora reconstrucción.

 

  • Tras jugar uno de los calendarios non-conference más flojos jamás vistos, Georgetown está sufriendo para sobrevivir al demoledor calendario de la Big East. Aún así, el balance momentáneo del estreno de Patrick Ewing como entrenador ha de ser moderadamente positivo. Los Hoyas han ganado los partidos que debían ganar, han superado a domicilio a DePaul y St. John’s y tendrían en su bolsillo dos triunfos importantes de no haber dilapidado sendas rentas bastante amplias ante Syracuse y Butler. Ahora mismo no se puede pedir mucho más a este programa.

“HAVE YOU EVER SHOT THAT SHOT?!”, la candidatura de Ewing a Meme del Año.

Big Ten: Cualquier tiempo pasado fue mejor

  • Es un año duro para la Big Ten, que no presenta ni por asomo la profundidad de otras temporadas. Podríamos describirla, resumidamente, así: dos equipos de élite, dos agradables sorpresas y un montón de morralla.

 

  • El montón de morralla incluye a dos conjuntos que deben incluirse en cualquier lista de grandes decepciones del año: Northwestern y Minnesota. Los Wildcats encadenaban su primera participación en el NCAA Tournament con su primera aparición en el Top 25 de pretemporada (#19). Mantenían bloque y habían demostrado su talento. Todo agua de borrajas. La sensación generalizada es que Northwestern jamás se recuperó del sopapo de Texas Tech (85-49 el 19 de noviembre). Son una de las peores defensas de las grandes conferencias, su banquillo es paupérrimo y apenas se atisban signos de mejora. Una pena. No obstante, el caso de Minnesota es más sangrante si cabe (de hecho, esta semana perdió por 23 puntos ante los Wildcats). Los Golden Gophers eran el #15 en el ránking de preseason, pero nunca transmitieron buenas sensaciones. Siempre pareció un conjunto falto de química y con grandes problemas de dirección. Recientemente, la suspensión a Reggie Lynch por presunto acoso sexual y la lesión de Amir Coffey descarrilaron el tren de Minnesota por completo. Ahora, los Gophers han perdido tres encuentros consecutivos, el último ante Purdue, en casa y por 34 puntos. ¿Habrá reacción?

 

  • Siguiendo con el montón de morralla: Penn State, Indiana y Rutgers son tres proyectos con visión largoplacista que están dando pasitos esperanzadores.

 

  • Es complicado ver candidatos viables al NCAA Tournament en el montón de morralla. Nebraska y Maryland son los que albergan mayores esperanzas a estas alturas, pero su margen de error es muy limitado.

 

  • Wisconsin va camino de desperdiciar otra soberbia campaña de Ethan Happ. Salvo milagro, se quedará fuera del torneo por primera vez en el siglo XXI, dejando a Kansas, Duke, Michigan State y Gonzaga como únicas universidades que no han faltado al March Madness en este milenio. En el apartado positivo, los Badgers han descubierto al nuevo héroe de culto del baloncesto colegial: Brad Davison.

 

  • Ohio State es una de las sorpresas del año a nivel nacional. Nadie esperaba este rendimiento de los Buckeyes en el primer curso de Chris Holtmann al mando. ¿La clave? El extraordinario rendimiento de Keita Bates-Diop, para mí el MVP de la Big Ten en estos momentos. Es un jugador de calibre NBA, sin duda.

 

  • John Beilein sigue a lo suyo. Su sistema ofensivo es tan complejo que requiere un tiempo de asimilación por encima de lo corriente, y a menudo eso provoca que sus plantillas tarden un poco en alcanzar la velocidad de crucero. Ahora bien, en cuanto lo hacen… los Wolverines carburan. Aún así, lo realmente impresionante de Michigan este año es que su defensa es de las mejores de la NCAA, cosa que resultaba muy difícil de prever. Los de Beilein están, en definitiva, en buena forma. Su estatus de equipo de March Madness está afianzado. Ahora les toca no fallar: serán favoritos en diez u once de los doce partidos que les quedan en la Big Ten, y las minas abundan.

 

  • Soy un firme creyente en la teoría de la “adversidad manufacturada” de Tom Izzo: cuando las cosas van demasiado viento en popa, al técnico le gusta que sus chicos se peguen un par de batacazos para mantenerse alerta y mantener vivo el afán de progresión hasta marzo. Creo que lo que hemos visto en los últimos siete días, justo después de que Michigan State alcanzara el #1 del Top 25, responde a estas pequeñas estratagemas de Izzo y, salvo que el mal momento de los Spartans se prolongue (tienen por delante una serie de contrincantes asequibles), no deberíamos preocuparnos en exceso… excepto por un detalle: MSU es el segundo de los 3 potenciales candidatos al título que se ha perjudicado a sí mismo por su insistencia en poner dos interiores puros en su quinteto inicial. El caso de los Spartans es el más complicado, porque la rotación de su frontcourt es brutal y duele en el alma sentar a Nick Ward o a Jaren Jackson. Pero Izzo debe encontrar la manera de darle minutos a Miles Bridges en el puesto de ‘4’. Este año, el porcentaje de acierto en triples de Bridges ha bajado de 39% a 34%, y el de tiros libres ha subido de 68.5% a 86%. Sin embargo, está tirando más triples y menos tiros libres que el año pasado. Conclusión: necesitamos al Bridges del año pasado, al que no paraba de moverse y se ganaba el jornal frecuentando el aro. Y MSU también. Despéjenle esa zona, por favor.

 

  • Es increíble que nadie parezca acordarse de que Purdue perdió este verano al jugador más indefendible de la NCAA (el gran Caleb Swanigan). Así de bueno está siendo el trabajo de Matt Painter. No creo que los Boilermakers sean uno de los cinco mejores conjuntos de la NCAA, y opino que la falta de talento de primerísima línea les jugará una mala pasada en el March Madness. Aún así, están imparables desde sus dos tropiezos en el Battle 4 Atlantis, y mola mucho verlos; Dakota Mathias y Vince Edwards están entre los jugadores más disfrutables de la competición, Carsen Edwards ha exhibido una progresión asombrosa y Matt Haarms ha sumado un impagable plus de energía y envergadura desde el banquillo. En esta Big Ten podría valerles para arrasar.

Nada como una buena “adversidad manufacturada” para Izzo.

Pac-12: Se buscan animadores

  • Otra gran conferencia que no atraviesa su mejor momento. La Pac-12 se encuentra sumergida en una desesperada búsqueda de alicientes. Oregon tiene su peor plantel de los últimos años. Stanford ha decepcionado, pese a su tímida reacción reciente. En Oregon State el regreso de Tres Tinkle no ha surtido el efecto deseado. Utah y Colorado son equipos decentes que dependen en exceso del factor cancha. Washington da una de cal y otra de arena. Washington State ha mejorado, pero sigue lejos de poder plantearse un asalto al NCAA Tournament. Y qué decir de USC, que comenzó el año en el Top 10 de AP y entre sus problemas extradeportivos y su frecuente falta de competitividad está descolgada en la carrera por el March Madness.

 

  • Conclusión: si la Pac-12 mete cuatro equipos en el torneo final podrá darse con un canto en los dientes. Algún miembro del pelotón mencionado podría emerger, y UCLA, con todos sus defectos, no está mal posicionada cara al Selection Sunday. Más allá de esto, pocas expectativas.

 

  • Arizona ha dejado atrás su lamentable paso por el Battle 4 Atlantis y ha recuperado el estatus de favorito en la conferencia. Tiene la mejor plantilla de la liga, y nadie en la Pac-12 tiene un trío comparable al que conforman DeAndre Ayton, Allonzo Trier y Rawle Alkins. Los Wildcats son, eso sí, el tercero de los 3 potenciales candidatos al título que se ha perjudicado a sí mismo por su insistencia en poner dos interiores puros en su quinteto inicial. De acuerdo, Dusan Ristic es un senior, un tipo con galones, un talentoso jugador ofensivo que rescata un buen puñado de posesiones por partido con su lanzamiento de media distancia. No se puede obviar, empero, el daño que hace a Arizona en defensa (involucrarle en un pick n’ roll es media canasta para el oponente) y, sobre todo, el obstáculo que representa a la hora de explotar al máximo los dones de Ayton. El bahameño es uno de esos pívots que aparecen tres o cuatro veces por década, está promediando un 20-10… Y está infrautilizado por su entrenador. Con todos mis respetos para Ristic, el serbio es un corsé para Ayton. Sean Miller haría bien en aflojarlo.

 

  • Si bien el tren del hype de Arizona State ha perdido velocidad debido a su irregular comienzo en el calendario de la Pac-12, hay que confiar en los Sun Devils. Quizás no para disputarle a Arizona el título de liga regular, pero sí cara a hacer daño en el torneo final. Su poderío ofensivo es sensacional y representará una amenaza muy seria en marzo. Y, copón, da gusto ver a los Sun Devils. Ni antes eran el mejor equipo del país ni ahora son una banda. Son un conjunto notable que, en una noche inspirada, puede cargarse a cualquiera. Ni más ni menos.

Ese cuerpo necesita espacio.

SEC: Optimismo moderado

  • La más abierta de las grandes conferencias, y la que más incertidumbre despierta cara al Selection Sunday: lo mismo mete cuatro representantes que ocho. Hoy por hoy, no obstante, la sensación se acerca más a la segunda cifra, a pesar del tremebundo colapso de Texas A&M en medio de una plaga de lesiones y suspensiones (0-5 para comenzar en la RS), de la presencia de algunos programas en horas bajas (Vanderbilt, Mississippi State, Ole Miss, South Carolina) y del mal arranque en RS de aspirantes al Gran Baile como Arkansas o Georgia.

 

  • A priori, la SEC va a beneficiarse enormemente de su fortaleza en el RPI, el índice de referencia para el comité de selección. Ocho equipos de la SEC (Auburn, Kentucky, Tennessee, Arkansas, Missouri, Texas A&M, Florida y Alabama) están en el Top 40 del RPI, y sólo uno (Vanderbilt) está fuera del Top 75. ¿Qué significa esto? Que abundan las oportunidades para sumar “buenas victorias” y escasean las amenazas de sufrir “malas derrotas”. La posibilidad de que el canibalismo entre las universidades de la SEC merme sus opciones de March Madness está ahí, pero la situación de la liga es envidiable.

 

  • ¿Mi equipo favorito de la SEC? Tennessee, un conjunto repleto de imperfecciones, que partía con unas expectativas bastante bajas y que me encanta ver, sobre todo, por su colección de jugadores heterodoxos y extrañamente efectivos, encabezados por los singularísimos Grant Williams y Admiral Schofield.

 

  • Aunque para sorpresa, la de Auburn, que ya posee la racha de triunfos más larga de la NCAA (catorce y sumando) pese a no haber contado con quien debía ser su referencia interior, Austin Wiley. Podrían escribirse libros (no precisamente hagiográficos) sobre los deslices de Bruce Pearl fuera de la cancha, pero hay que reconocerle que su trabajo está siendo extraordinario.

 

  • ¿Y Kentucky qué? Calipari lleva desde verano poniendo la venda antes de la herida, avisando de lo jóvenes que son estos Wildcats y de que nunca había tenido tanto freshman y demás vendidas de humo. Si no está cómodo con un plantel de estas características, la solución es fácil: cambiar su modelo. En cualquier caso, es obvio que no tendremos una idea clara sobre el nivel de esta Kentucky hasta que se acerque la recta final de la campaña. Por ahora, luces y sombras: Kentucky juega mal, defiende bastante peor de lo que nos tiene acostumbrados y tiene, como mucho, dos lottery picks en su roster; por otro lado, su poderío atlético, su demoledora transición y la capacidad resolutiva de Kevin Knox y Hamidou Diallo bastan para ir acumulando triunfos. Seguiremos atentos.

 

  • Por último, hemos de mencionar a Florida, una moneda al aire en cada partido que alterna actuaciones espectaculares (victoria sobre Gonzaga en uno de los mejores duelos de 2017, aniquilación de Texas A&M) con otras desconcertantes (humillada por Florida State, derrota en casa frente a Loyola-Illinois). En el March Madness, será uno de esos seeds 6 o 7 que todos los seeds 11 o 10 desean para tener la opción de protagonizar un upset… y que los seed 3 o 2 no quieren ver ni en pintura.

El dúo dinámico de Tennessee.

American: La liga del fu ni fa

  • Lo de siempre: dos favoritos destacadísimos (Wichita State y Cincinnati), un par de buenas escuadras con aspiraciones de NCAA Tournament (Houston y SMU), algún rival incómodo (Tulsa, UCF) y bandas por doquier. Shockers y Bearcats se miden el 18 de febrero y el 4 de marzo. Apúntenlo.

 

  • Hay que hacer algo para rescatar de la mediocridad a Temple, Connecticut y Memphis. Son programas que lo tienen todo (los medios, la tradición, la ubicación, el prestigio) para ser consistentemente buenos. Esta liga los necesita de vuelta cuanto antes.

 

Atlantic 10: Un mal año.

  • Parece que la época de bonanza de la Atlantic 10 tocará a fin en 2018. Desde 2008, la conferencia ha tenido al menos tres representantes en todos los NCAA Tournament, tocando techo con seis en 2014. La racha corre peligro. Hoy por hoy, Rhode Island es el único miembro de la conferencia con posibilidades serias de alcanzar una at-large bid y, más allá de St. Bonaventure, no se adivinan otras posibles alternativas. Tanto los Rams como los Bonnies tienen armas para hacer daño en el March Madness, pero echaremos de menos a universidades que han animado sobremanera el torneo en tiempos recientes, como VCU, La Salle o Dayton.

MWC: Un buen año.

  • La Mountain West representa lo opuesto a la A-10; tras dos años en los que sólo el campeón de su torneo de conferencia accedió al NCAA Tournament (cayendo eliminado a las primeras de cambio en ambos casos), el próximo mes de marzo volverá a ser tema de conversación. Nevada y Boise State están en disposición de obtener una at-large bid, y varios equipos (UNLV, San Diego State, Wyoming…) podrán apurar sus opciones en el torneo de conferencia. La liga ha ganado competitividad (más allá de las innombrables Air Force y San Jose State, no hay comparsas) y posee estrellas como Brandon McCoy, Chandler Hutchinson, Jordan Caroline o los gemelos Martin. Buenos tiempos.

Chandler Hutchinson es una estrella, sin medias tintas.

Otras ligas

  • Aunque BYU cumple con sus estándares habituales de decencia y San Diego, para sorpresa de propios y extraños, es una de las mejores defensas de la NCAA, la WCC vuelve a ser cosa de Gonzaga y Saint Mary’s. El viernes será la primera ronda de su duelo. Volverán a enfrentarse el 11 de febrero. Los Gaels necesitan ganar al menos uno de los enfrentamientos para aspirar a una at-large bid. Los Bulldogs tienen más margen de error.

 

  • Wichita State abandonó la Missouri Valley Conference y la liga se ha convertido, automáticamente, en la más abierta del país. Va a ser un caos absoluto de aquí a marzo. Northern Iowa y Valparaiso fueron dos de los equipos de la MVC que mejores sensaciones dejaron en el calendario non-conference; son los colistas de la clasificación. Drake apuntaba a ser el peor conjunto de la conferencia y ahora la lidera con un récord de 5-1. Ganas de que llegue el Arch Madness.

 

  • Conferencias que podrían tener pugnas deliciosas y de elevado nivel por el título de liga regular: America East (Vermont vs Albany), CAA (William & Mary, Towson, Charleston, Hofstra y quien pueda sumarse), la resucitada C-USA (Middle Tennessee, Old Dominion, Western Kentucky, UAB, Marshall), Ivy (Penn, Yale, Harvard, Princeton), OVC (Murray State vs Belmont), SoCon (UNC Greensboro, ETSU, Wofford, Furman).

 

  • Equipos no mencionados que son favoritos en sus ligas y pueden dar la sorpresa en el March Madness: New Mexico State, Florida Gulf Coast, South Dakota State, Stephen F. Austin, Buffalo, Louisiana.

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