Indiana prueba el veneno del quinteto matador de los Warriors

Se veía venir que los Pacers iban a sufrir de lo lindo en los que quedaba de temporada. Después del subidón de recuperarse instantáneamente de la lesión de Victor Oladipo con el fichaje de Wesley Matthews viendo que los resultados seguían llegando, lo inevitable ha ocurrido: no pueden aguantar el ritmo de la parte alta de la Conferencia Este. Se salvan, de momento, porque los Celtics continúan sin encontrar la regularidad. Seguirán en puestos de cabeza de serie, es decir, de los que tienen la ventaja de campo en los playoffs, pero las sensaciones son ahora mucho peores que hace sólo unas semanas.

Que la visita a Oakland no es que sea un plato de buen gusto, más si cabe cuando los Warriors han entrado de lleno en la pelea por la primera plaza no sólo de la conferencia sino de toda la competición (a los Bucks le pasa lo mismo que a los Pacers, pero mucho más acrecentado por los lesionados que acumulan en sus filas), pero se ve en los de Indiana un bajón físico que repercute de forma directamente proporcional en el acierto de cara al aro.

En el Oracle aguantaron un cuarto y medio, lo que tardaron los del quinteto titular e Iguodala, que antaño formaba el llamado Quinteto de la Muerte, en subir el ritmo. El público, tras unos partidos sin ver a su equipo por estar de gira, se vino arriba al ver a los Warriors desarrollando un buen juego desde la segunda manga, cuando empezaron a sacar ventaja. El ritmo era mucho más alto en un lado que en el otro: los Pacers llegaban ya con la lengua fuera y estiraban los ataques pero más por dificultad para percutir que por elecciones personales.

La verdadera tortura llegó en el tercer cuarto, cuando empezó la fiesta de verdad. DeMarcus Cousins puso la guinda a un partido muy serio en el que acabó con doble-doble (19 puntos y 11 rebotes) brillando con acciones que no parecían las que puede firmar una persona recién salida de una lesión del Aquiles. Andrew Bogut volvió a casa, como rezaba el cartel con el que los Warriors le daban de nuevo la bienvenida a su pabellón, aunque se le notaron los nervios (1/8 en tiros). Stephen Curry y su triple sobre la bocina para poner 26 de ventaja, que al final fueron 23, la puntilla. El último periodo fue totalmente innecesario.

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