Barça-Madrid: la suerte cambió de bando

El baloncesto, como el deporte de élite en general, camina por un fino alambre entre la victoria y la derrota. Hace dos días, un tiro libre fallado por Llull, seguido de un rebote ofensivo de Rudy y un triplazo prodigioso de Carroll dieron el triunfo al Real Madrid en un partido que el Barcelona tenía ganado. “La suerte”, dijo Svetislav Pesic. Esa misma suerte que normalmente acompaña a los campeones. Cuando en baloncesto se vuelva a hablar de suerte habría que recordar aquel tiro agónico de Kawhi Leonard que, tras tocar hasta cuatro veces en el aro, eligió irse dentro para llevar a los Toronto Raptors a la Final de Conferencia, que luego se convirtió en la Final de la NBA, y que ahora celebran como su primer título. Sin aquel milagro, hoy no habría anillos en sus dedos. ¿Suerte? Hoy nadie duda de que los Raptors son unos dignos campeones.

Esa misma suerte, que casi siempre tiene mucho de trabajo, de calidad, de arrojo, de toma de decisiones, se alió este miércoles con el Barça para alargar la final ACB al cuarto partido. A falta de 10 segundos, el Madrid tenía balón para conquistar el campeonato. En ese fino alambre, un equipo resolutivo en el juego exterior pensó que esta vez la mejor opción era penetrar, igual que poco antes había hecho sin éxito Llull. Y allá que se fue Campazzo hacia dentro, pero se resbaló. Aun así, la pelota le cayó a Thompkins, que erró una canasta fácil. Campazzo y Thompkins, curiosamente, habían sido los mejores del Madrid en el encuentro. La moneda cayó esta vez del lado azulgrana. Como bien sabe Pesic, la suerte también juega. Y es una suerte, en este caso para el espectador, que una final tan igualada y emocionante no acabe todavía.

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