Brasil 1954: el otro Maracanazo

El viejo Gimnasio Maracanazinho todavía hervía el verano de 2016 cuando Brasil ganó el torneo de voleibol en los Juegos Olímpicos de Río. Si pudiera hablar, tendría mucho que decir de sus 65 años de historia. Construido al lado del emblemático estadio donde Brasil perdió su partido de fútbol más célebre ante la Uruguay de Obdulio Varela (aunque el 1-7 compite de cerca con él), fue la sede del Mundial de baloncesto de 1954. Cuatro años después de la 'tragedia' del Mundial de fútbol, el Maracanazo se repitió. Esta vez fue algo más previsible. Brasil y Estados Unidos se jugaban el título en el último partido de la fase final pero aunque los estadounidenses presentaban un equipo ligeramente inferior al de los Juegos de 1948, ganaron con facilidad.

El Maracanazinho, por cierto, acabó siendo la sede de un Mundial que debía jugarse en Sao Paulo, pero los clásicos problemas de infraestructuras lo trasladaron a Río. El campeonato, como en casi todas las primeras ediciones, también estuvo marcado por el nuevo orden mundial configurado después de la Segunda Guerra Mundial. Los países del entorno comunista (Unión Soviética, Hungría y Checoslovaquia) no participaron. La Yugoslavia de Tito, que siempre iba por libre, sí lo hizo.

El otro gran impacto de aquel Mundial fue el bronce de Filipinas. Por entonces no se le dio demasiada importancia. A día de hoy, sin embargo, sigue siendo la única y última medalla del país asiático, que por cierto organizará junto a Japón e Indonesia el Mundial de 2023. País enganchado al baloncesto, Nike considera Filipinas su tercer mercado más importante en basket sólo por detrás de Estados Unidos y China.

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