El año I de la revolución: bienvenidos a la NBA 2019-20

Imagínese que es usted un aficionado a la NBA que ha permanecido dormido los últimos cuatro meses, desde que los Raptors se proclamaron campeones en la Bahía y en el último partido oficial de los Warriors, que allí entregaron su trono, en el viejo y entrañable Oracle Arena de Oakland. Después de ese largo sueño (despierto, incluso en el espacio parecería imposible aislarse hoy en día de lo que pasa en una liga en la que todo es viral) abre los ojos y se encuentra con todo esto, en cascada y sin previo aviso: Kawhi Leonard se convirtió en el primer MVP de unas Finales que deja al equipo con el que acaba de proclamarse campeón. En su viejo anhelo de jugar en su California natal, el demoledor alero coqueteó con los Lakers de farol mientras orquestaba la unión en los Clippers, nada menos, con Paul George, que forzó su salida de unos Thunder que respondieron al golpe cerrando definitivamente una era con el traspaso de Russell Westbrook a Houston Rockets. El ‘no’ de Kawhi dejó con un disgusto serio a unos Lakers que acababan de reunir a LeBron James con Anthony Davis, con el que se habían hecho tras enviar casi todo su músculo joven (Brandon Ingram, Lonzo Ball, Josh Hart) a unos Pelicans que, aunque solo tenían un 6% de opciones de lograrlo, se llevaron el número 1 de draft que invirtieron en Zion Williamson, tal vez el proyecto de estrella más mediático desde el propio LeBron. Los Warriors completaron la mudanza a San Francisco pero se dejaron por el camino a Shaun Livingston, Andre Iguodala... y Kevin Durant, que refrendó lo que era un secreto a voces y se marchó a Nueva York con Kyrie Irving. Los dos se reúnen en la Gran Manzana pero en los Nets, no en unos Knicks que se quedaron con un palmo de narices histórico. Los Celtics enlazaron el adiós de Kyrie con la salida, meses antes igual de improbable, de Al Horford, que se fue a los Sixers (rival histórico de los verdes) a formar un muro a priori infranqueable con Joel Embiid y endulzar de paso la pérdida de Jimmy Butler, que prefirió menos dinero y una oportunidad deportiva peor a corto plazo en Miami Heat con tal de ser jugador franquicia con galones, por fin. Los Celtics amortiguaron un poco tanto desastre veraniego con el fichaje de Kemba Walker, y los Jazz se subieron al carro de aspirantes con el traspaso por Mike Conley, que cerró definitivamente una era de baloncesto en Memphis Grizzlies. Otro base, un D'Angelo Russell que acaba de ser all star, se marchó a los Warriors para jugar con Stephen Curry mientras Klay Thompson, renovado en la agencia libre, se recupera de su grave lesión de rodilla.

Después de respirar, por fin y con los ojos como platos, imagínese que pregunta por los jugadores españoles: Niko Mirotic dejó unos sobre la mesa unos 15 millones anuales de los Jazz, un excelente proyecto deportivo, para volver a la ACB y jugar en el Barcelona, donde se reúne con un Álex Abrines que salió el pasado invierno de Oklahoma City. Pau Gasol se unió a unos Blazers que le quisieron en 2016. Será su decimonovena temporada y su sexta franquicia. Y Ricky Rubio se marchó de esos Jazz con los que no firmó nada Mirotic para irse a Arizona y sacar mucho dinero (51 millones de dólares por tres temporadas) ejerciendo de veterano estabilizador en los Suns, un proyecto con potencial pero extremadamente disfuncional en los últimos años. Con Calderón a las puertas de la retirada, la representación española se reduce a seis jugadores, dos (Marc Gasol y Serge Ibaka) todavía en el defensor del título, unos Raptors venidos muy a menos por las salidas con destino L.A. de Kawhi Leonard (Clippers) y, en menor medida, Danny Green (Lakers).

Esta NBA 2019-20 sería, por lo tanto, un pasmo para usted. De hecho lo sigue siendo para casi cualquier aficionado incluso después de haber tenido ya unos meses para digerir tanto cambio radical en el mapa de jerarquías de una liga que parece haber clausurado la era de los superequipos y haberse metido de lleno en la de las estrellas nómadas y un nuevo poder redistribuido en parejas, mucho más confuso y equilibrado: Kawhi y George en los Clippers, LeBron y Davis en los Lakers, Harden y Westbrook en los Rockets, Kyrie y Durant (recuperándose de una fractura del tendón de Aquiles) en los Nets, Embiid y Horford en los Sixers, Damian Lillard y CJ McCollum en los Blazers, Luka Doncic y Kristaps Porzingis en los Mavericks... La nueva temporada se abre el 22 de octubre y terminará como muy tarde el 21 de junio, cuando se jugaría el séptimo partido de unas Finales que arrancarán el día 4, colofón de unos playoffs que abrirán veda el 18 de abril, tres días después de que se cierren los 1.230 partidos de otra Regular Season gigantesca: 82 por cada una de las 30 franquicias.

La liga trata de recuperar la normalidad después de una pretemporada marcada por la tremenda convulsión que ha supuesto la crisis china abierta por el apoyo en Twitter de Daryl Morey (general manager de los Rockets) a los manifestantes de Hong Kong. Un conflicto que ha obligado a la NBA a repensar de forma pública su presencia en China, uno de los bastiones comerciales de una liga que terminó el pasado curso en uno de los mejores momentos de salud de su historia. Sus ingresos globales superan los 8.000 millones gracias en gran parte a unos contratos televisivos históricos que dejan 2.700 millones al año. En los últimos tres se han batido récords de venta de merchandising y la pasada temporada se cerró con más de 11.500 millones de reproducciones de vídeo en redes sociales y 22 millones, otro récord, de asistentes a las canchas durante una Regular Season con 760 solodouts (llenos absolutos) y tres franquicias (Sixers, Bulls, Mavericks) con más de 20.000 personas por noche en sus canchas. El valor medio de las franquicias está en 1.900 millones y estas gastan más de 3.500 al año en los salarios de los más de 400 jugadores que pasan por ellas cada temporada, con un salario medio que ya supera los 7 millones de dólares y 48 jugadores con al menos 20 de sueldo en un curso que será el sexto seguido con más de 100 jugadores no estadounidenses y hasta 42 procedencias diferentes. Ya una marca totalmente global, la NBA tiene abiertas 12 oficinas internacionales y siete academias en cuatro continentes, con especial énfasis (al menos hasta ahora) en el gigante chino, donde el baloncesto es una mina de oro, y los mercados emergentes.

Esta NBA, que no quiere dejar de ser dichosa, se enfrenta además a un panorama deportivo apasionante, con más incógnitas que en cualquiera de las últimas temporadas. LeBron se fue al Oeste y dejó vacío un trono en la otra Conferencia que ocupó Kawhi Leonard, que solo ha tardado una temporada en poner también rumbo a Los Ángeles. Así que vuelve a abrirse una oportunidad de oro por la que deberían colarse o los Bucks del MVP Giannis Antetokounmpo, que ganaron 60 partidos la temporada pasada, o los Sixers de Al Horford, Embiid, Ben Simmons, Tobias Harris... En el Oeste, el panorama es salvaje ahora que se puede poner precio, por fin, a la cabeza de esos Warriors históricos que han jugado las últimas cinco Finales. En su nuevo Chase Center de San Francisco, al pie de la Bahía y con sus suites de dos millones de dólares al año, los de Steve Kerr seguirán siendo un gran equipo, uno de los mejores de la liga. Pero ya no están Kevin Durant ni Andre Iguodala y pasará casi todo el curso en rehabilitación un Klay Thompson que, como Draymond Green, acaba de asegurar su continuidad a largo plazo. El big three, con Stephen Curry como santo y seña, no se toca. Pero con los Warriors apartados, por fin, del favoritismo incuestionable, se les abren las puertas de par en par a los Clippers, por primera vez en su historia principal aspirante al título, a los nuevos Lakers de LeBron y Davis, los apasionantes (veremos si para lo bueno o lo malo) Rockets de Harden y Westbrook, los rocosos Jazz, los volátiles Nuggets o unos Blazers que han vuelto a apostar por sí mismos con las renovaciones de Lillard y McCollum, que tienen desde ahora garantizados, entre los dos, 414 millones de dólares durante las próximas seis temporadas. 

Es el mismo Oeste donde Doncic y Porzingis buscarán los playoffs con los Mavericks y donde los Pelicans pasarán de franquicia olvidada a imán mediático con el aterrizaje de Zion Williamson, un fenómeno de la naturaleza que es el rookie más esperado de los últimos años. Y un jugador que podría salvar con su simple presencia en el concurso de mates una cita tan devaluada como el All Star Weekend, que este año se celebra en Chicago (14-16 de febrero), menos de dos semanas después del cierre del mercado invernal de fichajes (el día 6).

Se presenta, por lo tanto, una temporada apasionante, con una carrera muy renovada hacia el título, los Warriors en una posición nueva y más modesta en lo deportivo (a corto plazo al menos) y los Clippers y los Nets retando por fin cara a cara a los bastiones de los dos grandes mercados, los Knicks en el Este y los Lakers en el Oeste. Es, solo hay que imaginar la trascendencia que tendría un título de los Clippers, un curso que puede cambiar la NBA, tal vez para siempre. En el que los Raptors tienen casi imposible repetir como campeón y en el que casi una decena de franquicias se sienten con legítimas opciones de darles relevo: Bucks, Sixers, Clippers, Lakers, Rockets, Nuggets, Jazz, Nets (si volviera Durant, al menos), Warriors (si volviera a tiempo Klay, en su caso)...

Una temporada en la que, por lo que respecta a la representación española, veremos a Marc Gasol jugar con galones de campeón, tanto él como Ibaka en último año de contrato en los Raptors. Los Hernangómez, Juancho y Willy, tratarán de asentarse en la gran liga, Ricky vivirá la entrada en su madurez plena en los Suns y, tal vez, podamos estar ante la última cabalgada (una de las últimas, desde luego: cumplirá 40 años en junio) de Pau Gasol, la gran leyenda del baloncesto español y un bastión de la vieja escuela en una NBA en la que ya no están Dwyane Wade, Dirk Nowitzki ni Tony Parker y en la que sigue sin encontrar acomodo Carmelo Anthony. Y una en la que una jauría de leyenda (Curry, Harden, Davis, Kawhi, LeBron, Jokic...) asaltará el MVP de Giannis Antetokounmpo mientras Zion Williamson tratará de arrancar como Novato del Año, aunque tendrá competencia (Ja Morant, RJ Barrett, Darius Garland, Cam Reddish, De’Andre Hunter, Jarrett Culver...). En su mejor momento por economía y popularidad, la NBA abre una etapa también absolutamente apasionante en lo deportivo. Es hora de, como siempre, dormir poco y soñar mucho. Bienvenidos al gran espectáculo de la mejor liga de baloncesto del mundo. Bienvenidos a la temporada 2019-20 de la NBA.

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