La metamorfosis de Ingram: explosión tras dejar los Lakers

No todos los jugadores están preparados para cargar con el peso de ser una futura estrella. La presión mediática, las lesiones o la adaptación a un juego centrado en las estrellas que están ya en el equipo hacen en ocasiones que estos jóvenes talentos vean como se frena en seco su proyección. Uno de esos casos es el de Brandon Ingram. El espigado alero, natural de Carolina del Norte, fue drafteado hace tres temporadas por Los Angeles Lakers. Por delante suya solo apareció un Ben Simmons que se quedó en el dique seco esa temporada por una lesión en el pie.

Entonces, todos los focos apuntaban a Ingram, elegido en segunda posición por una de las franquicias más históricas y mediáticas. Su competencia directa en ese año 2016 eran Ron Artest, Luol Deng y Corey Brewer, y por entonces no había mayor estrella en el equipo que un D'Angelo Russell en su año de sophomore que no terminaba de arrancar. La llegada de Lonzo Ball, otro talento en bruto que tampoco consiguió asentarse como estrella, le ayudó a mejorar sus guarismos pero no hasta el punto de explosionar. Finalmente, en su tercera temporada en LA se produjo la llegada de LeBron James, aquella estrella que ayudaría a esta camada de talentos a encontrar la senda que les dirigiese a la cúspide de la NBA. 

Esa era el idea de los mandatarios de los Lakers. Y esa idea terminó fracasando. El carrusel de lesiones que castigaron a las vacas sagradas el curso anterior fue un motivo de peso en ese desenlace. Más en el caso de Ingram, quien no sabía aún que el 2 de marzo, ante los Suns en Phoenix, sería el día en el que jugase su último partido con la camiseta oro y púrpura, perdiéndose los 19 partidos restantes de la competición por una peligrosa lesión: el alero sufría una trombosis venosa profunda en el hombro derecho, según comunicó el equipo en su día.

Este tipo de lesiones, sufridas en su día por jugadores como Mirza Teletovic o Chris Bosh, pueden desembocar, como poco, en retiradas prematuras del baloncesto. No obstante, Ingram pasó por quirófano a tiempo para eliminar esos coágulos y su recuperación fue a las mil maravillas. Obviamente se despedía de la temporada. Un preámbulo a lo que después sería su marcha de los Lakers para poner rumbo a Louisiana, estado donde sigue reescribiendo su historia...

La pieza codiciada de los Pelicans

"Hable con varias personas dentro de la organización de los Pelicans y valoran notablemente a Brandon Ingram. Mas allá de eso, podrían valorar un intercambio en el que aparezca el escolta", reconoció el periodista de ESPN Dave McMenamin a finales del pasado mes de mayo. Dos semanas después se produjo el esperado bombazo que mandaba a Davis a los Lakers, dejando en Pelicans, además de varias elecciones del draft, a Josh Hart, Lonzo Ball y el deseado Ingram. El alero era objeto de deseo de David Griffin, presidente de operaciones de los Pelicans, pero el miedo existente por su peliaguda lesión sembraba ciertas dudas.

No obstante, Ingram está destrozando esas dudas con unos números y un juego sobresalientes. En los cinco partidos que ha jugado hasta la fecha con los Pelicans promedia en poco más de 34 minutos en pista un total de 26,8 puntos, 8,2 rebotes, 4,8 asistencias, 1,2 tapones, con un porcentaje notable en tiros de campo (51%) y triples (50%). Sus anotaciones han sido, por orden de partido, 22, 25, 35, 27 y 25 puntos, estos últimos claves en la primera victoria del equipo. Unas cifras muy alejadas de los guarismos que ha cosechado en Los Ángeles: en las tres temporadas anteriores aportaba 14,2 puntos, 4,8 rebotes y 2,9 asistencias. ¡Casi la mitad!

Aún es pronto para sacar conclusiones de peso tras lo vivido en estos diez primeros días de competición, pero el cambio de aires le ha venido que ni pintado a Brandon Ingram. Eso, y el hecho de que los focos en el barrio francés deslumbran menos que en Hollywood. 

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