Sigue el calvario de los Warriors y los Pelicans se dan un respiro

Pocas metáforas más claras de lo vertiginoso que es el ritmo actual de la NBA que los Thunder-Warriors, ya dos este curso (2-0 para los de OKC). Hace tres años, este era el duelo más caliente del mundo, una rivalidad que hervía en plena resaca de una final de Conferencia histórica (de 1-3 a 4-3 para los Warriors) y en ataque de histeria tras la mudanza de Kevin Durant a la Bahía. Ahora ya no queda nada. Ni Durant en los Warriors ni Russell Westbrook en los Thunder. Ninguno de los dos equipos será el próximo campeón, y no sería raro que ambos se quedaran fuera de los playoffs. Así son las cosas. Mientras, los Thunder volvieron a ganar (114-108) y suman tres triunfos en cuatro partidos para un digno 4-5 que choca con el 2-8 de los Warriors. Que ahora, el calendario no da tregua en el Oeste, juegan contra Jazz, Celtics y Lakers.

El duelo, ya sin rastro de lo que se había convertido en un clásico moderno, pasó de la exhibición de Gallinari (21 puntos al final) a la de Russell, que siguió a sus 52 ante los Wolves con 30 totales y 17 en el tercer cuarto, cuando los Warriors empataron un partido en el que habían estado perdiendo por 23. Pero los Thunder pegaron el estirón final en un último parcial en el que volvieron a estar 14 arriba. Así de sencillo contra unos Warriors sin Eric Paschall, por problemas de cadera, y que ajusta un nuevo quinteto con Cauley-Stein y Burks, ausentes en el inicio de la temporada, que aunque también pierde, al menos compite. Algo es algo porque el año no va a dar para mucho más a una dinastía en retirada.

Los Pelicans ganan su segundo partido

Fue un choque muy feo (48 pérdidas entre los dos equipos) pero los Pelicans no están para ponerse exquisitos: 110-115 en Charlotte y segunda victoria de un curso (2-7 ahora) marcado por la ausencia de un Zion Williamson que habría vuelto a casa para este duelo en Carolina del Norte, donde jugó en College. Como Brandon Ingram, también natural de este estado y ex de Duke, y que sigue con su excelente temporada: 22+9+4 para unos Pelicans que sellaron el triunfo con un 2-11 de parcial cuando las cosas estaban 95-95 a cinco minutos del final. Y que, al menos, contaron por fin con un JJ Redick (22 puntos, 5 triples) brillante y un Derrick Favors sólido. Los fichajes veteranos, muy criticados en este inicio de temporada, estuvieron a buen nivel en un partido que Lonzo Ball se perdió por problemas físicos y en el que los Hornets (4-5: mejor de lo previsto) tuvieron opciones hasta el final, otra vez con Willy Hernangómez fuera de la rotación. El mejor volvió a ser el base Devonte' Graham, que terminó con 24 puntos, 5 puntos y 10 asistencias.

James Harden arrasa a unos tristes Bulls

Poco dura la alegría en la casa del pobre. Después de un buen partido en Atlanta, los Bulls volvieron a las andadas en su pista, donde están 1-3: 94-117 ante unos Rockets que ganaron en un puro ejercicio de matemáticas. Metieron 19 triples (19/44) por los apenas cuatro (4/32) de su rival, que se hundió en el tercer cuarto (parcial de 9-30 en 9 minutos) después de haber llegado vivo al descanso tras aprovechar las 8 pérdidas y los 8 puntos de Markkanen en el primer cuarto. Pero los Rockets se estabilizaron y el finlandés pasó muchos problemas para anotar después. Su temporada sigue siendo decepcionante, como la de un equipo en el que Boylen no encuentra su rotación, LaVine sigue tomando malas decisiones, Coby White falla muchos tiros y solo Wendell Carter Jr (13 puntos y 16 rebotes esta vez) parece más o menos fiable casi todas las noches. Markkanen acabó con 13 puntos y el quinteto titular con un 2/17 en triples al que se sumó, por ejemplo, el 0/6 de White.

James Harden, que comenzó fallando casi todo, se enderezó y acabó con 42 puntos, 10 rebotes, 9 asistencias (rondó su primer triple-doble del curso) y un 9/19 en triples. Russell Westbrook sumó 26 puntos y 7 rebotes y Capela 16+20 para un equipo que está 6-3 y al que le bastó con seguir su ritmo habitual para descabalgar a unos Bulls en su línea habitual: unos pocos minutos prometedores, otros muchos de muy, muy pobre nivel.

 

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