El talento de Trae Young no evita la caída libre de los Hawks

Jeff Teague, Kyle Korver, DeMarre Carroll, Paul Millsap y Al Horford. Hace poco más de un lustro que este quinteto hacía historia en el Philips Arena de Atlanta (hoy día conocido como State Farm Arena). Cuatro de esos cinco jugadores formaron parte del All Star Game de 2015 gracias al rendimiento de un equipo que acabó la liga como líder del Este (60-22 de balance) y que llegó por primera vez en su historia, desde el cambio de ciudad de la franquicia en 1968, a disputar unas finales de Conferencia.

En esa eliminatoria encajaron un contundente 4-0 por los Cavaliers, impidiendo al equipo dirigido por Mike Budenholzer, quien terminó llevándose el premio a entrenador del año, entrometerse en uno de los mayores duelos históricos de las finales de la NBA. 

El mismo verdugo encontraron un año después, en esta ocasión en las semifinales de Conferencia, y el mismo desenlace sucedió. Entonces de ese roster de grandes jugadores ya se había ido Carroll (el único que no fue al All Star) pero fue en el verano de 2017 cuando los Hawks sufrieron el golpe más doloroso: Horford ponía rumbo a Boston, Teague se marchaba a Minnesota y Korver, tras pocos meses, recalaba en los Cavaliers. De ese equipo de ensueño solo quedaba un Paul Millsap que haría las maletas un año después, sentenciando a la franquicia a un cambio de ciclo radical que finalmente no se alargó mucho. Al menos hasta dar con un talento capaz de hacerla reflotar.

La irrupción de Young, insuficiente para el cambio de rumbo

Esa transición parecía cambiar de tono en el draft del curso pasado, cuando los Hawks se hicieron con Trae Young. El base, sumergido desde el inicio en la carrera de fondo por hacerse con el Rookie del Año junto a Luka Doncic, cumplió con honores en su primer curso en la élite: 19,1 puntos, 8,1 asistencias y 3,7 rebotes con un 48% de acierto en tiros de campo. El joven de Lubbock, de un plumazo, cargó a sus espaldas con el rol de líder del equipo y dejó a John Collins, jugador más destacado anteriormente, en segunda espada de un bloque necesitado de experiencia. Tanto es así que los Hawks acabaron duodécimos del Este con 29 victorias y 53 derrotas.

No obstante, y a pesar de que en su curso como sophomore está multiplicando su rendimiento en favor del equipo, Young no ha sido capaz de frenar la caída de una franquicia que ahora mismo está hundida en el pozo de su Conferencia. En 25 partidos, de 26 totales, está firmando 27,8 puntos, 8,5 asistencias, 4,2 rebotes y 1,2 robos. Y todo ello superando el 52% de acierto en tiro. Unas cifras salvajes de un jugador que ha conseguido solo seis victorias en lo que va de temporada y que se ha visto superada en la tabla hasta por los Knicks.

La cruz de una moneda que se tiró al aire hace año y medio. En la cara, lógicamente, aparece su némesis Luka Doncic. Sería injusto comparar ambos equipos (terceros en el Oeste con 18-8 de balance), empezando por el banquillo y el talentoso Rick Carlisle, que ha conformado un equipo competitivo y con un gran rendimiento de la segunda unidad.

Pero dejando a un lado ese cara a cara, la franquicia de Georgia se ha visto inevitablemente afectada por la sanción de 25 partidos de Collins. No obstante, los esfuerzos individuales de Young por revertir la situación contarán antes de que acabe el año con el apoyo del ala-pívot. Veremos entonces si los Hawks son capaces de subir escalones y mantener las expectativas que acumulaban. Por el momento todas ellas las acapara un solitario Trae Young.

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