Brown mantiene inexpugnable la fortaleza de Miribilla

Brown con sus vuelos y sus canastas desde el perímetro llevó al Bilbao Basket a seguir pensando que la Copa es difícil, pero no imposible. En un partido que llevaba camino de ser decidido por un portento, el norteamericano de muelles en las piernas fue el más brillante y el Estudiantes se quedó atrás en los metros finales, cuando se le pudo venir encima lo que pesan sus derrotas. La eliminación por faltas de Arteaga acabó por rematarle. Es un equipo con varias piezas de calidad, pero le falta creer y mezclarse mejor y no tirar cada uno por su cuenta cuando la nave zozobra. Los bilbaínos estuvieron mejor de inicio y el final y en baloncesto eso es mucho camino andado. Las dinámicas suelen influir en estos casos. Miribilla sigue siendo un campo fiero y no parece un feudo propicio para ver la luz cuando estás ahogado.   

La puesta en escena fue prometedora. Sulej es uno de esos jugadores que casan con Miribilla. Su raza recuerda a Vasileidis y ese perfil de jugador es idolatrado en el pabellón bilbaíno. Forma en el cinco titular habitualmente para inyectar electricidad a los compases iniciales. Empezó muy firme, dominando el rebote y puso pista para el despegue local. Mumbrú fue moviendo piezas: su primera rotación fue un cuarteto, todos menos Bouteille.

Los dos norteamericanos del Bilbao Basket, esos que vienen desde la gloriosa campaña del ascenso, son dos microondas en ACB. Salen y arde en llamas el parquet. Lammers es uno de los mejores jugadores de la Liga corriendo por la calle central. Es una centella y acaba en mate tras un paseo por las nubes, y luego atrás tiene un timing para el salto que funciona como un reloj suizo, así que tapona a todo lo que se mueve con sus vuelos. Brown va un poco por libre, pero coge cobertura con una facilidad pasmosa; un triple en final de cuarto, especialidad de la casa, puso el claro 28-14 en el primer acto. Eso sí, con los recambios, el RETAbet empezó a jugar más vertical. El Estu se tiró seis minutos sin anotar, estaba atascado. Le vino encima un 18-0 por tal inoperancia (30-16). Tal vez lo vio muy fácil y se recostó a ver pasar su próxima víctima. Pero en ACB no hay pardillos. Los colegiales iban haciendo una labor de hormiguita, con un ramillete de verdaderos canastones, en especial Douglas. Scrubb tenía la muñeca afinada y el cuadro telefónico firmó dos 0-9 para igualar el parcial, en un lote, de los vizcaínos.

Una canasta de Dukan a falta de 2:20 para el descanso devolvió la ventaja a los madrileños: 38-39. Sergio Rodríguez estaba atascado, el Bilbao Basket incidía en tiros forzados en final de posesión y lanzamientos lejanos alocados. Se dejó de buscar el interior y se comió un parcial de 8-21. La tercera falta de Arteaga a un minuto para acabar el primer tiempo no era una buena noticia para Dzikic. Una zona 3-2 enturbió las ideas y no había líneas de pase. Salió Sow un minutito a aguantar el decorado. Rafa se dedicó a generar, a aportar visión de juego, pero la tropa estaba atascada en ataque, sin que el Estu hubiera inventado nada especial. Ni cortes, ni posteos, ni circulaciones para buscar el lado débil… Sequía. Kulboka no era una amenaza por fuera, y por dentro no es efectivo.

El Estudiantes salió más enchufado en el tercer cuarto. Y se fue a la máxima ventaja en casi dos minutos: 43-51. Rouselle reenganchó al equipo de Mumbrú al partido, mientras Dzikic, un gemelo de Demis Roussos que huye del traje y vestía chaleco y camisa del mismo color, se agitaba enfadado en el banquillo. Douglas seguía a lo suyo, a canastas de Euroliga desde la distancia. Bouteille metió un aro pasado a lo Jordan para poner a dos al Bilbao. El partido cobraba enorme emoción según se despojaba de minutos. Y Brown (con empate a 70 y a falta de cinco minutos) regaló a la vista de los casi diez mil aficionados un matazo similar a aquel que queda como el mejor de la historia en Miribilla de Dejan Todorovic ante Lampe hace un lustro, un machaque desde tres cuartos de pista, tras dejar atrás a Douglas y ser más ráido que tres ayudas que le venían amenazando. Arteaga desfiló por faltas y el Estu, que trataba de castigar a Balvin con el cinco abierto, se vio huérfano. Pero Rousselle se unió a Brown para empaquetar la novena de los bilbaínos. Esta vez los bases de Mumbrú si fueron de ACB. "No los cambio por nadie", resumió su entrenador. Hay hambre de Copa.

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