Emotivo regreso de Westbrook a OKC… y paliza de los Thunder

El 9 de enero era una de las fechas marcadas en rojo en el calendario de la regular season 2019-20. El segundo Rockets-Thunder (1-1 ahora en el duelo directo)... pero el primero en Oklahoma City. O lo que es lo mismo: el primer partido de Russell Westbrook en el Chesapeake Energy Arena, el recinto donde construyó su casa. Un MVP, dos títulos de Máximo Anotador, ocho nominaciones para el All Star, tres temporadas seguidas promediando triples-dobles, ocho designaciones para los equipos All NBA (dos en el primero)... Una tonelada de números en once años (medias de 23 puntos, 7 rebotes y 8,4 asistencias) pero, por encima de todo, la personificación total de una franquicia y de una ciudad a partir de 2016, cuando Kevin Durant se marchó a los Warriors y él firmó una extensión que, de un plumazo, evitó la caída en la irrelevancia de su equipo. Una historia de amor que acabó en exceso y disfunción, algo que nadie (y es lógico: el recuerdo es poesía) ni quería ni tenía por qué recordar en una noche que era para el homenaje, las emociones y la memoria. Y así fue: la ovación fue atronadora, el vídeo emotivo (con Durant en las imágenes, por cierto) e incluso arreciaron los gritos de "M-V-P", casi una banda sonora en ese pabellón durante los últimos tres años, para un jugador que repitió alguno de sus rituales de inicio de partido en lo que fue, por muy californiano que sea, una rotunda vuelta a casa.

Los Thunder, además, reservaron para esta noche el estreno de sus camisetas City Edition, una equipación especial creada de la mano del OKC National Memorial & Museum y que conmemora el 25 aniversario (será en abril) del atentado de Oklahoma City en 1995, hasta el 11-S el golpe terrorista más fuerte que se había vivido en suelo estaadounidense (186 muertos y 680 heridos). Así que no era un partido más, y no lo fue para el público de los Thunder, con la guinda de la exhibición de su equipo ante unos Rockets perdidos: 113-92 y con maquillaje final porque la cosa estuvo 109-79 a cuatro minutos del final. Con Chris Paul (18 puntos, 6 rebotes, 5 asistencias, 4 robos) dirigiendo la carga, en ruta hacia el All Star, en lo que también tuvo su cuota de venganza personal. Y de, más allá de Westbrook, gustazo para los Thunder, que están replicando sus números de los dos últimas temporadas pero ya sin Paul George ni Westbrook, con un lote histórico de rondas de draft y un equipo feliz, competitivo y que juega de maravilla. Tras el homenaje al pasado, muestrario de presente y futuro. Están 22-16, muy firmes en la zona playoffs (seis partidos de ventaja al noveno del Oeste) y con los Mavericks (sextos) a solo un partido y medio. Están 5-1 en 2020, 11-2 en sus últimos 13 partidos y 16-5 en 21, lo que les convierte en el segundo mejor equipo de toda la NBA desde Acción de Gracias. Espectacular.

Los Rockets (25-12), que tienen noches como esta, fueron poco más que un sparring ante un rival que va ahora mismo a toda máquina y cuya reconstrucción fue una brillante acumulación de picks (con todas las opciones que eso abre) sin perder la profesionalidad en pista: Steven Adams, Danilo Gallinari (23+11+4 esta vez), Schroder, una estrella en ciernes como Gilgeous-Alexander (20 puntos)... y Chris Paul, que no estaba ni mucho menos muerto tras su mal segundo año en Houston y que está viviendo una temporada de reivindicación y liderazgo en lo que en verano pareció un destino solo de paso. El deporte crea amores arrebatadores como el de OKC y Westbrook... y también otros inesperados pero llenos de química como este tardío entre Paul y una ciudad que no sabía a qué iba a tener que atenerse hace unos pocos meses pero que, contra la mayoría de pronósticos, se lo está pasando de maravilla sin tiempo casi para mirar a un futuro que pinta bien. El escenario ideal.

Con más rebotes, mucho más ritmo de ataque, más acierto y sin conceder puntos en transición, los Thunder fueron mejores de cabo a rabo. Si no habían reventado el partido ya al descanso (60-48) era porque por entonces Russell Westbrook sumaba 18 puntos. Acabó con 34 y se sentó los últimos 7:18, ya sin nada que hacer para un equipo muy desacertado, en el que Tucker y House fueron sombras, Capela acabó con problemas en un talón y James Harden vivió una noche horrible: 17 puntos (promediaba antes de este partido 38,5), 3 rebotes, 3 asistencias, 5/17 en tiros, 2/9 en triples. La Barba empezó con un 1/10 y dejó claro que no tenía el día para echar un cable a Westbrook en un partido en el que los Rockets solo sobrevivieron en la primera parte. Después, acabaron apaleados por un rival tremendamente superior que se dio un festín en una noche con mucha nostalgia y una conjunción casi perfecta ya que pudo celebrar, en un solo partido, su futuro, su presente y, desde luego, su pasado. O al menos una de las mejores partes de él.

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