Embiid y Siakam, historias de película de Camerún al All Star

Ayer se dieron a conocer los titulares del All Star 2020; los diez jugadores que serán los primeros en ser repartidos en los equipos que se enfrentarán en el United Center de Chicago, Team LeBron y Team Giannis. Los dos aleros, capitanes como el año pasado en Charlotte, se jugarán primero a pies a estos ocho compañeros, sin distinción por Conferencia. La lista va de un LeBron James que jugará su decimosexto All Star, ya a solo tres de Kareem Abdul-Jabbar y dos de Kobe Bryant, a los debutantes: Luka Doncic, Trae Young... y, claro, Pascal Siakam, el alero de los Raptors cuyo ascenso al estrellato ha sido imparable en los últimos dieciséis meses. Siakam forma en el frontcourt del Este con Giannis Antetokounmpo y Joel Embiid. Es decir, dos jugadores nacidos en Camerún junto a Giannis, que nació en Atenas pero es de origen nigeriano. Poder africano para una NBA que se define, hoy por hoy,  por su incuestionable espíritu de competición global.

Joel Embiid, un tremendo pívot de 213 centímetros, nació en Yaundé, la capital de Camerún. Pascal Siakam, un ala-pívot de envergadura interminable y 2,08 de alturam, lo hizo a menos de 300 kilómetros; en Duala, la ciudad más grande del país. El primero llegó a la NBA por la puerta grande, con un número 3 del draft de 2014 que no fue más alto por una preocupante lesión de espalda a la que siguió una también muy complicada en un pie. Con muchas dudas sobre su viabilidad como jugador NBA antes siquiera de que su carrera hubiera arrancado, no debutó en la liga hasta el 26 de octubre de 2016. Después de haber sido, más de dos años antes, el tercer camerunés drafteado tras Ruben Boumtje-Boumtje y Luc Mbah a Moute, muchos se echaron a temblar cuando los Sixers le dieron 148 millones por cinco años en octubre de 2017. Había jugado apenas 31 partidos en la NBA pero los Sixers tenían claro que su reconstrucción (el cacareado Proceso por el que acumularon derrotas para tener picks altísimos de draft) sería con Embiid... o no sería. Desde entonces, el pívot ha sido all star tres veces sin fallo (2018-20), la pasada temporada promedió 27,5 puntos y 13,6 rebotes y tiene, con 25 años, pocas espinas ya clavadas más allá de los playoffs, donde los Sixers llevan dos años seguidos cayendo en primera ronda.

De niño, hijo de militar, soñaba con jugar al voleibol en Europa y no tocó un balón de baloncesto hasta los 15 años. Hizo sus pinitos imitando a Hakeem Olajuwon, el mito nigeriano, y fue descubierto por Mbah a Moute, que se convirtió en su mentor. “Mi vida es una película, lo juro por Dios”, le dijo él mismo a The Players Tribune. “Cuando llegué a EE UU no sabía ni una palabra de inglés y no jugué al baloncesto literalmente hasta tres meses antes de que me ofrecieran hacerlo en un instituto de Florida. Solo sabía machacar, no podía manejar la bola. El primer entrenamiento me fue tan mal que el entrenador me echó del pabellón. Mis compañeros me señalaban y se reían, como al idiota en las películas de instituto. Me metí en Youtube y busqué vídeos de gente tirando de tres, de mecánicas de tiro... En Camerún no sabía lo que era la NBA y no vi ningún partido hasta las Finales de 2009, Lakers contra Magic. Las de Kobe Bryant. No había visto nada como aquello. Me puse a entrenar y cada vez que lanzaba gritaba ‘Kobeeeee’. Es de película, de verdad”.

Siakam, del sacerdocio al anillo de campeón

De película... como la vida de Siakam, con paralelismos pero también diferencias con la del jugador de los Sixers. En su caso, un número mucho más bajo de draft en 2016 (27) aunque tiene también 25 años. De hecho es dos semanas más joven que el pívot, con respecto al que su aterrizaje en la NBA fue mucho más modesto, un tránsito en tres años de ser carne de Liga de Desarrollo (donde, eso sí, fue MVP y campeón en 2017) al estrellato: Jugador Más Mejorado y campeón de la NBA con los Raptors 2018-19 y all star en su cuarta temporada en la NBA, tras demostrar que puede ser un líder en un equipo que necesitaba ese paso adelante después de la marcha de Kawhi Leonard, y que apostó por él en verano con un contrato de 130 millones por cuatro años.

Entre las temporadas 2017-28 y 2018-19, Siakam pasó de promediar 20,7 minutos, 7,3 puntos, 4,5 rebotes y un 22% en triples a una medias de 31,9 minutos, 16,9 puntos, 6,9 rebotes y un 37% en triples. Nick Nurse liberó su mejor versión colocándole como ala-pívot que cubría toda la pista, un rol que se adaptaba como un guante a un jugador ultra físico que maravilló en el primer partido de las Finales ante los Warriors, una noche en la que dio el primer paso hacia su anillo de campeón con 32 puntos, 8 rebotes, 5 asistencias y un 14/17 en tiros de campo.

Un camino inesperado para un jugador que se machacó a trabajar en sus dos años en New Mexico State, donde fue añadiendo juego a la exuberancia física que le permitió empezar a despuntar en un deporte que no le llamó la atención, exactamente como a Embiid, hasta los 15 años, cuando tuvo la crisis de fe que le apartó del camino hacia el sacerdocio que había comenzado en un seminario de Bafia, donde fue descubierto (otra vez, como Embiid) por Mbah a Moute. Y otra vez como Embiid se trasladó a EE UU a los 16 años y sin ninguna certeza sobre qué iba a ser de su vida. Recorrió Texas de campus en campus y acabó encontrando en Lewisville el acomodo que le abrió la puerta a New Mexico State, que a su vez le abrió una puerta de la NBA que él ha hecho astillas en menos de cuatro años y después de un viaje increíble que le emparenta con su compatriota Joel Embiid y pone a Camerún en el mapa del baloncesto mundial con dos titulares en el All Star de la NBA. Poder africano para la mejor liga del mundo.

 

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