Una caída progresiva

Cuando al final de su primera temporada, en 2014, conseguía el premio al mejor Rookie de la NBA, nada hacía presagiar que Michael Carter-Williams iba a acabar convirtiéndose en una moneda de cambio con cada vez menos valor dentro de la Liga.

El traspaso que le ha mandado a los Chicago Bulls a cambio de un jugador de rol como Tony Snell ha vuelto a dejar a las claras que, tras no mostrar un rendimiento más allá de lo correcto en Milwaukee, Carter-Williams se ha convertido en un jugador devaluado con respecto a aquel que deslumbró en su primera campaña en la liga. Su precio cae a la vez que lo hace su rendimiento, que ha hecho se estanque tras haber supuesto toda una revolución hace apenas tres años.

Sus inicios en la NBA no pudieron ser mejores. Elegido en el número 9 del draft por los Philadelphia 76ers, deslumbró desde el primer partido que jugó, en el que prácticamente él solo acabó con los campeones del año anterior, los Heat de LeBron James y compañía. 22 puntos, 12 asistencias y 9 robos fueron la carta de presentación de un base que se presentó valiente, con tendencia a la penetración y con buenas cualidades para dirigir el juego, además de buenas aptitudes para el rebote (sus dos metros de altura le ayudan) y el robo.

Precisamente, lo que el primer día le encumbró fue lo que acabó por darle el premio a Rookie del año que consiguió al final de esa campaña: la soledad en su equipo. En una plantilla desmantelada, Carter-Williams era el rey, haciendo y deshaciendo a su antojo. Visto años después, eso pudo inflar su rendimiento hasta convertirle en, según los expertos, uno de los mejores bases jóvenes de la liga en aquel instante. Algo que, pasados los años, parece lejos de la realidad..

Ala temporada siguiente, la que debía ser la de su consolidación, su rendimiento, pese a que no cayó en picado, no mejoró. Los Sixers, con algún que otro jugador interesante en plantilla, pretendían mejorar con respecto a la temporada anterior, y con Carter-Williams a los mandos no sucedió ni de forma colectiva ni de forma individual. El jugador incluso bajó sus números, lo que hizo que, en una maniobra que pocos esperaban en el trade deadline, lo traspasaran en un acuerdo a tres bandas a los Milwaukee Bucks. A cambio del base, los Sixers recibían varias rondas de draft de valor, haciendo caja con el cartel que tenía en aquel momento el PG.

Allí, en la ciudad de la cerveza, Carter-Williams se encontraba ante un escenario propicio. Un equipo joven al que le faltaba un base y que aspiraba a crecer hasta ser uno de los mejores equipos del Este. Además, Carter-Williams llegaba en medio de una gran dinámica de los Bucks, que llegaron a los Playoffs esa temporada contra pronóstico.

En los 25 partidos que jugó en Milwaukee esa temporada, Carter-Williams no solo se revitalizó, como se esperaba después de salir de Philadelphia y su ambiente perdedor, sino que bajó sus minutos en cancha y sus emolumentos. Jason Kidd le dio la manija del equipo, pero el base no respondió como se esperaba y pronto empezaron las voces críticas con el jugador, que fue duramente señalado como un fiasco..

La temporada pasada, la tercera tan solo en su experiencia NBA, constituía toda una reválida para el base salido de Syracuse. Su bajo rendimiento en los Bucks podía haberse debido a un periodo de adaptación al equipo y al sistema, una excusa que se había agotado para la siguiente temporada, en la que arrancaba con el grupo desde el inicio. Era el momento de rendir sí o sí, cuando las dudas ya se cernían sobre él y su verdadera dimensión como jugador.

Y de nuevo, decepcionó. En la pasada campaña no solo se quedaron fuera de Playoffs los Milwaukee Bucks, sino que el rendimiento de su base titular fue paupérrimo si lo comparamos con el de años anteriores. Bajó de 14.6 puntos de media a 11.5, y de 6.7 asistencias a 5.2. Además, los problemas de lesiones lastraron parte de su temporada.

Así, Carter-Williams se convertía automáticamente en objeto de muchos rumores para salir de los Bucks, que intentaron conseguir a Ricky Rubio durante el verano. Cuando parecía que iba a empezar la temporada con los de Milwaukee, saltó la noticia de su segundo traspaso en dos años, esta vez por algo menos que la otra vez. Tan solo Tony Snell, un jugador de rol que aún no ha explotado es lo que han tenido que soltar los Bulls para hacerse con él. Allí, en la ciudad del viento, será el suplente de Rajon Rondo, y tendrá que demostrar, en menos minutos que nunca, que no es un jugador perdido, y que puede volver a recuperar el valor que alguna vez tuvo. Tiempo le queda, eso seguro.

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